Dos años después, Cataluña se engalana para desbloquear los presupuestos de la legislatura. Tras varias tentativas que nacieron prácticamente muertas, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Oriol Junqueras, fumarán el próximo martes la pipa de la paz y escenificarán su acercamiento con el acuerdo para aprobar las cuentas públicas catalanas. Lo harán después de que la militancia republicana dé su visto bueno al pacto en el Consejo Nacional convocado para la tarde del lunes. Le ejecutiva de Esquerra ha citado al órgano interno para convalidar un acuerdo que está muy avanzado y puede acabar con el escenario de bloqueo.

La reunión del órgano interno de Esquerra será el último filtro antes de la esperada fotografía entre Illa y Junqueras. Simbolizará el final a años de bloqueo persistente en Cataluña, que puede acarrear también sus consecuencias a escala nacional. La dirección republicana quiere acelerar tiempos y oficializar el acuerdo toda vez se supere el escollo electoral de Andalucía de este domingo. Cataluña entra así en una semana decisiva para dejar atrás la prórroga presupuestaria y enviar el proyecto de ley al Parlament antes del 31 de julio.

En busca del aval interno

En términos republicanos, será el Consejo Nacional del partido el que tenga la última palabra y decida si se dan las condiciones para firmar el acuerdo presupuestario con los socialistas. La voluntad de la dirección es clara: el pacto es idóneo y estrictamente necesario. ERC ha dado su brazo a torcer tras varios meses de tensiones internas y de una relación cuanto menos compleja con el PSC, al que señalaban por su falta de palabra en cuestiones troncales como la financiación de Cataluña o el IRPF.

En el último cónclave interno, Esquerra optó por una oposición diametralmente opuesta. Se abonó al rechazo a la propuesta de Salvador Illa por el incumplimiento socialista para la recaudación del IRPF. Una demanda que servía entonces como línea roja negociadora de los republicanos. Ahora, sin embargo, la formación comandada por Oriol Junqueras resignifica su posición y deja esa reivindicación en stand by ante la falta de certezas sobre los plazos y – sobre todo – los apoyos necesarios para sacarlo adelante. Intramuros, ERC afea al PSC su lentitud y señala de igual modo a Junts por su ausencia de garantías para dar carpetazo a este capítulo antes del próximo otoño. De ahí, que los independentistas ahora se desplacen hacia una carpeta con más recorrido político y territorial como es la de infraestructuras ferroviarias.

El proyecto estrella de Junqueras

Así las cosas, uno de los elementos troncales del acuerdo con Illa será la creación de una línea ferroviaria orbital que conecte grandes núcleos urbanos del entorno de Barcelona sin obligar a pasar por la Ciudad Condal. El trazado uniría Vilanova i la Geltrú con Mataró, conectando a su vez con ciudades de la segunda corona metropolitana como Vilafranca del Penedès, Martorell, Terrasa, Sabadell o Granollers.

A raíz del caos ferroviario de comienzos de año – y que aún tiene sus ecos en buena parte de la red catalana -, ERC asumía tal bandera como eje de su proyecto para justificar el acuerdo con el PSC. Los cálculos que manejan en la formación independentista arrojan un coste de unos 5.200 millones de euros para la construcción de la infraestructura. Un precio que correría a cuenta del Estado y cuya fecha de finalización rondará el año 2040. La propuesta resucita una idea planteada ya durante la etapa del tripartito catalán y pretende reforzar el papel del tren en una Cataluña en pleno expansionismo demográfico y que padece severos problemas de movilidad.

El acuerdo cuenta con una singularidad. Y es que, pese a que la línea orbital sea uno de los ejes del pacto presupuestario catalán, no comportaría una partida directa en las cuentas de la Generalitat. Los republicanos quieren que el compromiso cristalice a través de la comisión bilateral entre el Govern y la Administración central, que está prevista para la próxima semana en Madrid y en la que se abordaría la financiación estatal del proyecto.

La recaudación del IRPF, en suspenso

Los republicanos argumentan, sin embargo, que su giro estratégico no implica una renuncia formal al traspaso de competencias para la recaudación del IRPF, sino que lo aparcan como condición inmediata para aprobar las cuentas. Esquerra concede algo más de oxígeno al Estado para cumplir con este compromiso, a sabiendas de que el calendario político y parlamentaria no permite garantizar su materialización en este contexto.

Un giro de guion que no está exento de debate intestino. Parte de la militancia republicana no ha escondido sus discrepancias ante la estrategia de Junqueras en estos últimos meses, máxime en lo que se refiere a su relación con el PSC y el grado de exigencia ante los incumplimientos atribuidos a los socialistas. Desde la cúpula del partido, sin embargo, confían en que el lunes se supere el trámite con las bases sin contratiempos y allanan ya el terreno del relato para presentar el acuerdo como una victoria útil para Cataluña.

Llueven también las críticas desde el flanco diestro del independentismo. Junts, obcecado en el ‘no es no’ a todo lo que huela a socialista, ha censurado que ERC pase de exigir el IRPF como frontera negociadora a situar en el centro un proyecto ferroviario con horizonte de ejecución a largo plazo. Los neoconvergentes acusan a los republicanos de rebajar sus exigencias y facilitar la estabilidad del Govern de un Salvador Illa que será crucial para dotar a su Ejecutivo de una herramienta política propia. Superado el escollo republicano, el foco se desplaza sobre los Comunes, que también negocian sus demandas en materia de vivienda y transporte.

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