Mañueco ha decidido convertir esta campaña electoral en una sucesión de titulares llamativos. Una especie de escaparate de grandes almacenes en rebajas donde todo está de oferta: subvenciones para pagar el gimnasio, para el carné de conducir, descuentos en seguros y, cómo no, la enésima promesa de bajada masiva de impuestos que, a la hora de la verdad, se traduce en subidas de impuestos. Una campaña a golpe de ocurrencia.

El problema no son las medidas que se anuncian. El problema es que se presentan como si fueran soluciones estructurales a los grandes desafíos de Castilla y León. Y no lo son. Son fuegos artificiales que intentan ocultar una realidad incómoda e incuestionable: tras casi cuatro años de gestión, el Gobierno de Mañueco no puede exhibir avances sólidos en los asuntos que realmente preocupan a la ciudadanía.

Mientras se anuncian deducciones por hacer deporte, la atención primaria sigue tensionada, los consultorios rurales acumulan cierres intermitentes, y las listas de espera sanitarias continúan siendo una preocupación para miles de familias. Mientras se promete ayuda para sacarse el carné de conducir, nuestros pueblos siguen perdiendo población y servicios básicos. Mientras se habla de rebajas fiscales, no se explica cómo se van a financiar la sanidad, la educación o el transporte público en una comunidad extensa, envejecida y con enormes desafíos demográficos.

Esto es, sencillamente, pan para hoy y hambre para mañana. Es engañar y es mentir.

La política no puede convertirse en una subasta de ocurrencias cada vez que hay elecciones. Gobernar es priorizar. Y cuando no hay resultados que presentar, se recurre a anuncios llamativos que buscan generar titulares rápidos y fotografías amables.

Mañueco debería saber que la ciudadanía no vive de titulares. Vive de servicios públicos que funcionen, de médicos en sus centros de salud, de profesores en las aulas, de oportunidades laborales para que los jóvenes no tengan que marcharse.

Resulta difícil tomar en serio un programa que acumula promesas de rebajas de impuestos y mejoras simultáneas de los servicios públicos, sin detallar de manera rigurosa su financiación. No se puede prometer todo a la vez. O se fortalecen los ingresos para sostener los servicios públicos, o se recortan. Lo demás es marketing electoral y pirotecnia política.

Y luego está la tomadura de pelo de Mañueco y su lema, “Aquí certezas”. Es de traca. Si algo ha demostrado esta legislatura es que las certezas con Mañueco no son precisamente tranquilizadoras. Todo lo contrario. Son inquietantes. La certeza de que volverá a pactar con la extrema derecha para gobernar. La certeza de que, ante crisis como la de los incendios forestales, la respuesta volverá a ser tardía e insuficiente. La certeza de que el operativo antiincendios seguirá sin consolidarse todo el año porque se considera un “despilfarro”. La certeza de que la despoblación continuará avanzando sin una estrategia transformadora que la combata de raíz.

Esta campaña de Mañueco transmite intranquilidad y mucha improvisación. Cuando las propuestas se acumulan sin un plan coherente detrás, lo que se percibe no es estabilidad, sino descontrol.

Castilla y León necesita algo más que descuentos coyunturales y anuncios vistosos. Necesita un proyecto serio para reforzar la sanidad pública, blindar la educación, impulsar la economía rural y garantizar que vivir en un pueblo no sea sinónimo de renuncia. Necesita políticas públicas que afronten los problemas estructurales con ambición y responsabilidad.

Las campañas pasan. Los titulares se olvidan. Pero las decisiones de gobierno dejan huella durante años. Y esa es la verdadera certeza que debería importar a los ciudadanos.

Esther Peña, Secretaria General del PSOE de Burgos y diputada nacional

Súmate a

Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos.

hazte socio