Sigüenza (Guadalajara) sigue avanzando en su aspiración de convertirse en Patrimonio de la Humanidad apoyada en un conjunto histórico y paisajístico que la ha consolidado como uno de los destinos culturales más singulares del interior peninsular. La previsión municipal sitúa entre 2027 y 2028 el momento en el que el expediente definitivo pueda elevarse a la Unesco, culminando un proceso que ha transformado la ciudad en los últimos años.

La candidatura se sustenta en una ciudad que conserva intacta su trama medieval, presidida por la Catedral de Santa María, uno de los grandes templos del románico cisterciense español, y por el castillo-alcázar que hoy alberga el Parador Nacional. A ello se suma un casco histórico de calles empedradas, plazas porticadas y edificios civiles y religiosos que han convertido a Sigüenza en un referente del turismo patrimonial.

La alcaldesa, María Jesús Merino, ha señalado que el camino hacia la Unesco ha sido una carrera de fondo, aunque la ciudad ha logrado avanzar con rapidez tras su inclusión en la lista indicativa. Desde entonces, ha explicado, Sigüenza ha trabajado para cumplir con los estándares exigidos a nivel internacional, reforzando tanto la conservación del patrimonio como la calidad del espacio urbano.

Ese trabajo ha incluido la rehabilitación de monumentos, la mejora de la señalética histórica, la regulación del tráfico en el casco antiguo y la creación de espacios que favorecen una visita más ordenada y sostenible. Actuaciones como el enterramiento de cableados, las iluminaciones artísticas o la habilitación de párquines disuasorios han permitido recuperar la imagen histórica de la ciudad y mejorar la experiencia del visitante.

El Plan de Sostenibilidad Turística ha sido una de las herramientas clave para articular estas mejoras, junto a otras intervenciones como las reformas en el Parador, los trabajos en la Catedral o el impulso a proyectos singulares como la recuperación de las Salinas de Imón, un enclave histórico vinculado a la tradición productiva del territorio.

La candidatura también ha incorporado una dimensión territorial que va más allá del recinto urbano. Sigüenza ha planteado su propuesta como un paisaje cultural, integrando el entorno natural del valle del río Dulce y su conexión con Atienza, con la que comparte historia, arquitectura defensiva y un modelo de poblamiento ligado al territorio. Un enfoque que busca poner en valor la relación entre la ciudad histórica y el paisaje que la rodea.

Para el Ayuntamiento, el reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad supondría un antes y un después, no solo para Sigüenza, sino también para el conjunto de la Sierra Norte y la provincia de Guadalajara. Un impulso que reforzaría el turismo cultural, la economía local y la proyección internacional de una ciudad que ha hecho de la conservación de su legado histórico una seña de identidad.

Sigüenza, ciudad histórica y destino patrimonial

Entre los principales atractivos que sustentan la candidatura destaca la Catedral de Santa María, uno de los grandes templos del románico cisterciense español, fortaleza y catedral al mismo tiempo, y símbolo de la relevancia histórica y religiosa de la ciudad.

Otro de los grandes hitos es el Castillo de Sigüenza, antigua fortaleza episcopal transformada hoy en Parador Nacional, que domina visualmente el casco histórico y constituye uno de los ejemplos más representativos de arquitectura defensiva medieval vinculada al poder eclesiástico.

La Plaza Mayor, de planta rectangular y flanqueada por edificios históricos como el Ayuntamiento y la Casa del Doncel, es otro de los espacios urbanos más reconocibles, reflejo del Sigüenza renacentista y de su papel como ciudad de encuentro y actividad comercial.

El recorrido patrimonial se completa con la Casa del Doncel, ejemplo destacado de arquitectura civil nobiliaria, así como con iglesias románicas como San Vicente o Santiago, que refuerzan la imagen de Sigüenza como ciudad de las tres culturas y enclave clave durante la Edad Media.

Fuera del núcleo urbano, el entorno natural aporta un valor diferencial a la candidatura. El Barranco del Río Dulce, espacio natural protegido, constituye un paisaje singular donde naturaleza y patrimonio se entrelazan, reforzando la dimensión de paisaje cultural que defiende el expediente.

A estos recursos se suma la proyección territorial de la candidatura, que integra a Atienza y el corredor histórico entre el valle del río Dulce y el río Salado, un ámbito que comparte arquitectura defensiva, poblamiento histórico y una estrecha relación entre el ser humano y el territorio.