La presencia del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, en la Feria Internacional de Turismo (Fitur) del viernes dejó una imagen poco habitual incluso para un evento acostumbrado a la visita de dirigentes políticos. Desde su llegada al recinto de Ifema, el presidente avanzó con dificultad por los pabellones, rodeado de un flujo constante de visitantes que lo reconocieron, lo detuvieron en los pasillos y le pidieron intercambiar unas palabras o posar para fotografías improvisadas.

No fue una escena aislada ni circunscrita al estand de Castilla-La Mancha. A lo largo de la mañana, el recorrido de García-Page se vio interrumpido de manera reiterada por profesionales del sector turístico, representantes institucionales y público general que aprovecharon cualquier cruce para saludarlo. El volumen de personas que reclamó su atención resultó llamativo, hasta el punto de que miembros de su entorno admitieron que el tránsito fue sensiblemente más lento que en otras ediciones de Fitur.

El ambiente se intensificó cuando la comitiva se adentró en otros pabellones del recinto ferial, tanto nacionales como internacionales. Allí, responsables de destinos turísticos, técnicos y cargos públicos de distintas comunidades autónomas se sumaron a la sucesión de paradas. Saludos, conversaciones breves y gestos de cercanía se repitieron de forma constante, convirtiendo el paseo por la feria en un recorrido fragmentado, marcado por la interacción directa con los asistentes.

En ese contexto, afloraron comentarios que fueron más allá del ámbito estrictamente turístico. Varios visitantes trasladaron al presidente regional mensajes con una clara lectura política, expresando de forma espontánea que debería asumir mayores responsabilidades en la política nacional. No fueron pocos quienes le dijeron de forma directa "tendrías que ser presidente del Gobierno", un comentario que se repitió en distintos puntos de Fitur.

García-Page respondió con un tono cercano y prudente, agradeció las muestras de afecto y evitó alimentar interpretaciones partidistas. Su actitud contrastó con la imagen que proyectaron otros dirigentes del Partido Popular y de Vox, más centrados en trasladar la confrontación política a cualquier escenario, incluida una feria concebida para la promoción económica y turística. Mientras la derecha utilizó Fitur como altavoz para desacreditar a comunidades gobernadas por otros signos políticos o para insistir en discursos de desgaste institucional, el presidente castellano-manchego mantuvo un perfil centrado en el contacto directo y en la promoción del territorio.

Ese contraste no pasó desapercibido entre los asistentes. Frente a una oposición que insistió en la crispación y en el cuestionamiento permanente de la gestión autonómica, la presencia de García-Page se percibió como más accesible y menos sometida al guion político. La diferencia de estilos se hizo visible en la manera en que los visitantes se acercaron, sin intermediarios ni barreras, para trasladar impresiones y opiniones.

Durante el recorrido, el presidente se detuvo en numerosos estands ajenos a la delegación castellano-manchega, se interesó por proyectos y experiencias de otros territorios y mantuvo conversaciones improvisadas con profesionales del sector. En más de una ocasión, el avance por los pabellones quedó prácticamente bloqueado por la acumulación de personas que aguardaron su turno para saludarlo.

La jornada del viernes evidenció también un cierto cansancio de parte del público con la estrategia política del PP y Vox, basada en el ruido y la descalificación constante. En un espacio como Fitur, donde el foco debería situarse en la cooperación y la proyección exterior, ese enfoque resultó especialmente disonante. La acogida dispensada a García-Page reflejó una demanda de estilos políticos más ligados al territorio y menos sometidos a la confrontación permanente.