La Tubería Manchega ha dejado de ser solo una promesa largamente esperada para convertirse en una de las mayores inversiones hidráulicas en marcha en la provincia de Ciudad Real. Las obras han entrado en una nueva fase de ejecución en Daimiel, donde ya se ha empezado a instalar tubería en zanja dentro de una actuación valorada inicialmente en 95 millones de euros y que acabará movilizando alrededor de 120 millones cuando se incorporen las conexiones con los depósitos municipales y las mejoras necesarias en las redes de distribución.
La infraestructura está llamada a garantizar el abastecimiento de agua al Campo de Calatrava, Daimiel y, en situaciones de emergencia, a Ciudad Real capital y su entorno. En total, el sistema beneficiará a unos 155.000 habitantes y supondrá un salto decisivo para municipios que durante décadas han convivido con problemas de suministro, captaciones de emergencia y una dependencia excesiva de recursos subterráneos.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, ha visitado este lunes los trabajos junto al delegado del Gobierno en la comunidad autónoma, José Pablo Sabrido, la presidenta de Acuaes, María Rosa Cobo, y el vicepresidente segundo del Gobierno regional, José Manuel Caballero. La visita ha servido para poner el foco en el avance de una obra que combina inversión pública, fondos europeos y colaboración institucional, y que representa una respuesta concreta a uno de los grandes problemas estructurales de esta zona de la provincia.
María Rosa Cobo ha recordado que el convenio que permitió impulsar la actuación se firmó el 27 de mayo de 2025 y que el 20 de abril de 2026 ya se había comenzado a colocar tubería en la zanja. "En menos de un año se ha conseguido la puesta en obra de una actuación muy importante para Castilla-La Mancha", ha destacado la presidenta de Acuaes, que ha situado la finalización de los trabajos en agosto de 2028.
El peso económico del proyecto es uno de sus elementos centrales. La obra cuenta con una inversión estimada de 95 millones de euros, con una aportación del 65% procedente de fondos europeos. De esa financiación, unos 47 millones corresponden a fondos asignados a la cuota estatal y otros 15 millones a fondos de la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. Además, la actuación incorporará una aportación del 1% cultural, cifrada en aproximadamente 300.000 euros, que se pretende destinar a la rehabilitación, reforma o puesta en valor de algún bien de interés cultural situado en el entorno de los trabajos.
Una inversión que va más allá de la obra principal
José Manuel Caballero ha subrayado que la dimensión real del proyecto irá más allá de la actuación principal. Según ha explicado, la inversión global acabará situándose en el entorno de los 120 millones de euros, porque a la tubería habrá que sumar las conexiones con los depósitos municipales y las actuaciones necesarias para que el agua llegue correctamente a los núcleos urbanos y a los domicilios.
En este sentido, el vicepresidente segundo ha anunciado que el Gobierno de Castilla-La Mancha abordará una auditoría del estado de las canalizaciones, comunicaciones e infraestructuras de distribución de agua en los municipios afectados. El objetivo será determinar qué inversiones adicionales son necesarias para completar el sistema y evitar que una gran obra de abastecimiento se quede a medias por el mal estado de las redes locales.
La Tubería Manchega no solo supone una inversión en obra pública. También implica una garantía de futuro para municipios que necesitan agua suficiente y de calidad para sostener población, actividad económica y servicios básicos. En un contexto en el que el agua se ha convertido en un factor estratégico para el desarrollo de los territorios, esta infraestructura permitirá dar estabilidad a una comarca que no puede depender permanentemente de soluciones provisionales.
Caballero ha incidido además en el impacto ambiental positivo de la actuación, ya que permitirá reducir la presión sobre el acuífero 23, en el Alto Guadiana. Según ha señalado, la puesta en marcha del sistema puede suponer un ahorro de hasta cuatro hectómetros cúbicos de agua procedente de pozos, uno en el caso de Daimiel y entre dos y tres en el Campo de Calatrava cuando el sistema de la Vega del Jabalón ha tenido que recurrir a captaciones de emergencia.
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