Castilla-La Mancha

De los gritos al silencio: así se ha vivido la tragedia ferroviaria que ha dejado al menos 68 muertos en Toledo

El choque de dos trenes con 544 pasajeros ha dejado al menos 68 muertos y decenas de heridos en una jornada marcada por el rescate de las víctimas y la solidaridad vecinal

Agentes de los Servicios de Emergencias trabajan en el lugar de los hechos, a 28 de octubre de 2026. EP.
Agentes de los Servicios de Emergencias trabajan en el lugar de los hechos, a 28 de octubre de 2026. EP.

Eran las 8.54 horas de este miércoles cuando la rutina de cientos de viajeros que se dirigían hacia Andalucía se convirtió en una tragedia. Un AVE chocaba violentamente contra un tren Iryo que permanecía detenido en la vía, a la altura de Urda (Toledo). En cuestión de segundos, varios vagones descarrilaban, algunos caían por un terraplén y comenzaba una de las jornadas más trágicas de la historia del ferrocarril español.

Los dos trenes habían salido de Madrid con apenas seis minutos de diferencia. El Iryo 6076 partió de Atocha a las 7.54 horas y el AVE 2080 lo hizo a las 8.00. Entre ambos transportaban 544 pasajeros que tenían previsto llegar a Sevilla antes de las once de la mañana. Ninguno de ellos podía imaginar lo que ocurriría apenas una hora después de abandonar la capital.

El impacto se produjo en el kilómetro 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía. El AVE alcanzó por detrás al Iryo, provocando importantes daños en ambos convoyes y dejando una imagen devastadora de vagones destrozados y desplazados de las vías.

"Ha sido un choque tremendo. El vagón ha volcado parcialmente. Hemos visto vagones al lado destrozados", relataban algunos de los supervivientes, mientras esperaban junto a otros pasajeros a ser identificados y trasladados a un lugar seguro. Algunos viajeros consiguieron abandonar los trenes por sus propios medios, mientras otros quedaron atrapados entre los restos de los vagones.

La gravedad del accidente movilizó inmediatamente a los servicios de emergencia. Bomberos, efectivos sanitarios, Guardia Civil y voluntarios de Protección Civil comenzaron a desplazarse hasta una zona donde los equipos de rescate se encontraron con numerosos heridos.

A las 9.15 horas, el Gobierno de Castilla-La Mancha activó el Plan Territorial de Emergencia (Platecam), que posteriormente elevaría a su nivel 2, a las 10.30 horas, para permitir la incorporación de medios extraordinarios, entre ellos la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Mientras los profesionales trataban de atender a los heridos, los vecinos de Urda y de las localidades próximas comenzaron a movilizarse. Numerosos particulares acudieron con sus vehículos para ayudar a evacuar a los pasajeros que habían conseguido salir de los trenes.

Las imágenes de los supervivientes caminando por las inmediaciones de las vías, algunos todavía con sus maletas, contrastaban con el despliegue de ambulancias, helicópteros y vehículos de emergencia que continuaban llegando al lugar.

El municipio de Urda se convirtió en el centro de operaciones. Se habilitaron dos pabellones, uno destinado a los heridos leves y otro a los familiares, mientras vecinos, establecimientos y voluntarios colaboraban proporcionando mantas, agua y alimentos.

Una cifra de fallecidos que no deja de crecer

Conforme avanzaba la mañana, las noticias se volvían cada vez más desoladoras. Los primeros balances oficiales hablaban de diez fallecidos, pero las autoridades advertían de que el número aumentaría a medida que los equipos de rescate pudieran acceder a los vagones más afectados.

Antes del mediodía, la cifra se elevaba a 30 víctimas mortales. Los hospitales de Toledo, Alcázar de San Juan, Ciudad Real y Albacete comenzaron a recibir heridos, mientras se organizaban los recursos sanitarios disponibles y se realizaban llamamientos a la donación de sangre.

La atención a los supervivientes dio paso progresivamente a la recuperación de los cuerpos. Los equipos de emergencia habían logrado evacuar a todos los heridos de los trenes, pero todavía quedaba una complicada intervención entre los restos de los convoyes.

Ya por la tarde, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, acompañado del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, actualizaba el balance hasta los 68 fallecidos, 24 en el AVE y 44 en el Iryo. Además, comunicaba la existencia de 15 heridos en estado grave y otros 53 clasificados con código amarillo, junto con afectados de carácter leve.

La cifra continúa siendo provisional, mientras la autoridad judicial supervisa las actuaciones y los bomberos realizan nuevas inspecciones de los vagones siniestrados.

Un fallo en la seguridad y una orden bajo investigación

Paralelamente a los rescates, comenzaban a conocerse las primeras hipótesis sobre lo ocurrido. El ministro de Transportes, Óscar Puente, explicaba que a las 8.30 horas se había producido una caída del sistema de seguridad LZB, que obligó a detener varios trenes.

Según su reconstrucción inicial, a las 8.36 horas se autorizó al AVE a reanudar la marcha sin establecer una limitación de velocidad, pese a que el Iryo continuaba detenido y existía una señal roja.

El ministro ha calificado de "inexplicable" aquella decisión, aunque las circunstancias concretas del accidente y las posibles responsabilidades deberán determinarse mediante la correspondiente investigación.

La jornada también ha llevado hasta Urda al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ha anunciado tres días de luto nacional y ha asegurado que se investigaría lo sucedido hasta esclarecer sus causas.

Mientras tanto, la circulación ferroviaria entre Madrid, Ciudad Real y Andalucía permanece interrumpida, dejando a numerosos viajeros sin poder continuar sus desplazamientos.

La tragedia de Urda ha vuelto a golpear al ferrocarril español apenas nueve meses después del accidente de Adamuz, en Córdoba, que dejó 46 fallecidos. Dos catástrofes en un mismo año que han situado nuevamente la seguridad ferroviaria bajo el foco de la atención pública.

Al caer la tarde, la prioridad sigue siendo la misma que desde primera hora de la mañana: recuperar a las víctimas, atender a los heridos y ofrecer respuestas a unas familias que han visto cómo un viaje cotidiano se transformaba en tragedia.

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