La crisis interna de Vox continúa escalando y ya se manifiesta en los órganos regionales del partido. En Castilla-La Mancha, las acusaciones y declaraciones cruzadas entre sus propios dirigentes se han convertido en la tónica habitual, reflejando una fractura cada vez más evidente entre el sector que apoya a su líder, Santiago Abascal, y quienes reclaman cambios en la formación, como la celebración de un congreso extraordinario.

El nuevo capítulo de esta guerra interna llega de la mano del portavoz de Vox en las Cortes autonómicas, Iván Sánchez, quien ha rechazado de forma contundente la propuesta impulsada por sectores críticos a nivel nacional. Lejos de abrir la puerta al diálogo, Sánchez ha calificado la idea de “pantomima” y ha cargado contra quienes la defienden, cerrando filas con la dirección.

Porque en Vox “todo va muy bien”. O al menos eso sostiene su portavoz en Castilla-La Mancha, que incluso ha llegado a asegurar que “no tengo conocimiento de qué gente quiere ese congreso”. Una afirmación que resulta, como mínimo, llamativa, teniendo en cuenta que dentro de su propia estructura territorial ya hay voces que se han pronunciado al respecto.

Es el caso de la vicealcaldesa de Toledo, Inés Cañizares, que ha calificado como “positivo” celebrar ese congreso extraordinario. A ello se suman exdirigentes del partido como Iván Espinosa de los Monteros o Javier Ortega Smith, además de una quincena de antiguos cargos que han firmado un manifiesto en favor de abrir este proceso a todos los afiliados.

Lo que sí parece tener claro el portavoz es que no hay nada que debatir. “No tengo ninguna duda del liderazgo de Santiago Abascal. Es la única persona que nos representa”, ha afirmado, evidenciando el escaso margen para el debate interno dentro de la formación.

El que quiera congresos ‘peperos’, que se lo diga al presidente del Partido Popular

La solución a estas tensiones también resulta reveladora. Para Sánchez, quienes reclaman un congreso deberían buscarlo fuera del partido: “El que quiera congresos ‘peperos’, que se lo diga al presidente del Partido Popular y que los hagan ellos”. Una respuesta que evidencia el rechazo frontal a cualquier ejercicio de autocrítica interna. Además, ha enmarcado estas críticas en el crecimiento electoral de Vox. “Nos estamos acercando al 20% y la gente empieza a temblar”, ha asegurado. 

Sánchez también ha aprovechado para marcar distancias con lo que denomina “vieja política”, esa de intercambiar sillones, “hoy tú, mañana yo”, reivindicando que Vox representa algo distinto. “Nosotros no queremos más políticos, queremos más políticas que ayuden a la gente”, ha añadido.

Sin embargo, el episodio vivido en Castilla-La Mancha no es aislado, sino un reflejo de la tensión que atraviesa Vox a nivel nacional. Mientras la dirección apuesta por cerrar filas y evitar un congreso extraordinario, los sectores críticos insisten en la necesidad de abrir el partido al debate interno.

Por ahora, la estrategia pasa por negar esa división y desacreditar a quienes la señalan. Pero las declaraciones cruzadas entre dirigentes evidencian la crisis y una fractura interna que sigue avanzando dentro de la formación.