Hay imágenes que ningún eslogan puede tapar. Pasillos llenos de camillas. Personas mayores esperando días para ingresar. Profesionales exhaustos cubriendo dos servicios a la vez. Urgencias colapsadas en Sevilla, Granada, Jaén, Cádiz o Málaga. No es Navidad. No es la gripe. No es una incidencia puntual. Es la normalidad de la sanidad pública andaluza tras siete años de Gobierno del Partido Popular.

El Gobierno de Moreno Bonilla insiste en que “la sanidad funciona mejor que nunca”. Pero cuando la propaganda choca con la realidad, siempre gana la realidad. Y la realidad es que Andalucía vive un colapso sanitario estructural, intencionado, prolongado en el tiempo y con responsables políticos claros.

No hablamos de errores aislados. Hablamos de un modelo. Un modelo que ha convertido las listas de espera en un filtro silencioso que deteriora la salud, agota a los profesionales y empuja a quien puede permitírselo hacia la sanidad privada. Un modelo que deja atrás a quienes no pueden pagar.

Más de dos millones de andaluces están hoy atrapados en listas de espera. Listas que se han multiplicado por tres en cirugía y por cuatro en consultas externas desde 2018. Listas de pruebas diagnósticas no se publican desde que Moreno Bonilla llegó a la Junta. Deben ser escandalosas. Y detrás de cada número hay una vida. Una mujer esperando meses para iniciar tratamiento contra el cáncer de mama. Un paciente con sospecha de cáncer de páncreas obligado a llamar a los medios para que le atiendan. Un pueblo entero concentrado ante un hospital para exigir una operación que llega tarde.

¿Cuántas personas han fallecido esperando? ¿Cuántas han empeorado su pronóstico? ¿Cuántas han visto truncada su vida mientras el Gobierno miraba hacia otro lado?

Este colapso no es inevitable. Andalucía ha tenido presupuestos sanitarios históricos. Ha tenido recursos para reforzar la Atención Primaria, para contratar profesionales, para abrir quirófanos, para ampliar hospitales comarcales y CHAREs. Pero ese dinero no se ha traducido en más capacidad pública. Se ha traducido en recortes de personal, en sobrecarga asistencial y en una derivación masiva a la sanidad privada.

Desde que gobierna el Partido Popular, más de 4.600 millones de euros han ido a conciertos sanitarios. No es un dato ideológico, es un dato público. Mientras los hospitales públicos se saturan, la privada hace caja. Mientras las listas de espera crecen, aumentan los seguros médicos. Mientras se vacía la sanidad pública de profesionales, se abren hospitales privados con plantillas suficientes.

El caso del hospital universitario de Jaén (público) no es una excepción: es el ejemplo más crudo y más claro del modelo sanitario del Partido Popular. En 2025, mientras las listas de espera se disparan, el Gobierno andaluz recorta 7,6 millones de euros en personal en este hospital público. Menos médicos. Menos enfermeras. Menos capacidad asistencial. El resultado es previsible y devastador: colapso.

En Neurología, un paciente puede esperar hasta 30 meses para ser atendido en la sanidad pública en Jaén. Dos años y medio. Un plazo incompatible con cualquier patología neurológica grave. Un plazo que no responde a una mala racha ni a un pico asistencial y que solo tiene dos explicaciones: o una incapacidad manifiesta para gestionar el sistema sanitario o a una decisión política consciente: recortar personal en un hospital ya tensionado, sabiendo que eso alarga la espera, deteriora la salud y empuja a los pacientes fuera del sistema público.

Porque mientras esto ocurre en el hospital público, se desvían 2,3 millones de euros al nuevo hospital privado de Jaén para que disminuya las listas de espera que se han generado en el hospital público. En vez de contratar más profesionales en el hospital universitario o mejorar sus condiciones laborales para fidelizarlos, se dejan escapar a la privada y se le refuerza con presupuesto público.

Este es el modelo, sin matices y sin propaganda: recortes en lo público, colapso asistencial, privatización.

Primero se debilita el sistema. Luego se deja que falle. Y finalmente se presenta la privada como solución inevitable. No es casualidad. Es una estrategia.

Partido Popular y sanidad pública son incompatibles. Moreno Bonilla y la sanidad como derecho son como el agua y el aceite: uno flota mientras la otra se hunde.

Andalucía se juega mucho. Se juega si la sanidad seguirá siendo un derecho que salva vidas o una antesala del negocio privado. Y esa decisión no es técnica. Es profundamente política.

 

Maria Angeles Prieto Rodríguez es secretaria Salud PSOE–A

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