El 22-M Andalucía le ha dado al Partido Socialista la primera alegría que ha tenido en mucho tiempo. Demasiado tiempo. Desde la primavera de 2010, cuando Zapatero mató a Zapatero, el PSOE era un muerto viviente cuyo único pero insuficiente síntoma de recuperación se había manifestado tres años atrás, en las autonómicas del 25 de marzo de 2012, cuando los socialistas andaluces perdieron como nunca y gobernaron como siempre. Ahora, en marzo de 2015 y de la mano de Susana Díaz, el PSOE ha recuperado la primera plaza en la populosa Andalucía y, sobre todo, se ha situado de nuevo en una ‘pole position’ que no solo había perdido, sino que no parecía tener mucha confianza en volver a recuperar. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]EL PP, EL PSOE Y EL DINERO[/cita] Como demostró ayer el Comité Federal, los socialistas andaluces han conseguido que el PSOE vuelva a confiar en sí mismo. Otra cosa bien distinta es que sepa qué hacer con esa confianza si logra quedar primero en el Gran Premio de las Generales, que se corre a finales de este año. Es difícil imaginar que un Partido Socialista en la Moncloa vaya a tener margen –y voluntad– para hacer una política económica significativamente distinta a la que viene haciendo el Partido Popular. ¿Por qué? Sencillamente porque desde hace cinco años nuestras políticas económicas las deciden otros. ¿Quiénes? Resumiendo mucho, quizá demasiado: las deciden los tipos a los que les debemos dinero. El Partido Socialista tiene, desde luego, cosas que ofrecer muy distintas a las que ofrece el PP, pero, en estos momentos, muy pocas de ellas cuentan realmente mientras no sea capaz de ofrecer algo distinto en aquello que es casi lo único que importa a la gente: ¿qué será de nosotros?, ¿tendremos trabajo?, ¿lo tendrán nuestros hijos?, ¿el trabajo que tendremos será extremadamente precario, como nos tememos, o solo precario, como nos promete explícitamente la derecha e implícitamente Felipe González? Pero mientras llega la hora de que la socialdemocracia conteste a esas cruciales preguntas, no les agüemos la fiesta. A fin de cuentas y si se exceptúa la dulce derrota de 2012 en Andalucía, llevaban cinco años sin celebrar nada. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]BICEFALIA CONJETURAL[/cita] El Comité Federal del sábado fue una fiesta, sí, pero el problema es que la estrella de la fiesta no era quien debía ser. Debía ser Pedro Sánchez pero fue Susana Díaz, que sigue resistiéndose a compartir con su secretario general los laureles electorales conquistados en Andalucía. ¿Por qué esa tenaz resistencia, evidenciada cada vez que a Díaz se le pregunta si apoyará a Sánchez en las primarias para ser candidato a la Presidencia y Díaz contesta yéndose por los cerros de Úbeda? Sánchez y Díaz han gestionado pésimamente la bicefalia conjetural que se derivó de las primarias del año pasado, que ganó Sánchez frente a Madina gracias al apoyo de Díaz, pero que –todos lo saben, tanto los que quieren saberlo como los que no– habría ganado Madina si Díaz hubiera apoyado a este. La bicefalia virtual proviene de ahí, de esa tutela tácita que nunca se atrevió a decir su nombre. Aun así, mucha gente esperaba que, como el roce hace el cariño, esa embarazosa situación se iría diluyendo poco a poco para, finalmente, convertirse en una alianza natural entre Madrid y Sevilla. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]EL PODER Y LA CORONA[/cita] Ha ocurrido, sin embargo, todo lo contrario: nueve meses después de las primarias que lo entronizaron como secretario general, Pedro Sánchez tiene la corona pero no tiene el poder, mientras que Susana Díaz tiene el poder pero no tiene la corona. La pregunta todavía sin contestar es qué diablos pasó en apenas ¡tres meses tres! entre Sánchez y Díaz para que, hacia mediados de octubre, empezara a oírse ese sordo y persistente cañoneo entre Ferraz y San Vicente que todavía no ha cesado ni tiene trazas de hacerlo. Ciertamente, el modo atrabiliario en que Ferraz, rozando la humillación, liquidó a Tomás Gómez no fue del agrado de San Vicente, pero las diferencias venían de mucho antes, de manera que la batalla de Madrid no las causó, sino que únicamente las agravó. En principio, el problema debería resolverse el día 24 de mayo, fecha de las municipales y autonómicas. Ahí es donde Pedro Sánchez se juega su corona. Si el Partido Socialista sale reforzado en España, las primarias del verano serán un paseo militar, pero si sale más debilitado de lo que está y, simultáneamente, la federación andaluza revalida su poderío en el sur, adiós Pedro y puede que adiós primarias. No obstante, lo que probablemente pase es que el PSOE mejore lo suficiente como para reforzar el liderazgo de Sánchez, pero no lo bastante como para que éste pueda prescindir de una maldita vez de la opinión de Susana Díaz. Así pues, tras el 24-M seguiríamos teniendo bicefalia, ya fuera explícita, implícita o medipensionista. [cita alineacion="izquierda" ancho="100%"]LA CORONA Y EL PODER[/cita] ¿Aspira Díaz a la corona de Sánchez? En Ferraz están convencidos de que sí y en San Vicente dicen que no pero apartan la mirada cuando se les pregunta. Aun así, se trata de nuevo de conjeturas poco realistas porque en Andalucía ha ganado primero Susana Díaz y luego el PSOE, sí, pero esa nítida jerarquía de victorias ciega el camino hacia Madrid a la presidenta, salvo… salvo catástrofe –tras el 22-M, improbable catástrofe– de Ferraz el 24-M. En todo caso, es difícil creer que alguien tan de partido como Díaz pueda jamás hacer nada que propicie una debacle de su partido. Más allá de las ambiciones federales de la presidenta andaluza, cuya materialización depende de demasiados factores ajenos a su control, Pedro Sánchez y su equipo no parecen ser del todo conscientes de que no se puede ser secretario general del PSOE sin la complicidad de Andalucía: es decir, sí se puede ser pero de aquella manera. De hecho, Pedro Sánchez es secretario general pero lo es de aquella manera. Su liderazgo sigue necesitando ese espaldarazo que Susana Díaz se niega a darle y que nadie o muy pocos saben exactamente por qué diablos no se lo da. La conclusión, la paradójica conclusión es que Sánchez necesita más a Díaz que Díaz a Sánchez, pero parece comportarse como si fuera al revés. Y a su vez Díaz sabe que para su partido lo mejor sería que ella apoyara a su secretario general, pero parece actuar como si fuera al revés. Algún día podrían ambos tener el detalle de explicarles a sus desconcertantes militantes y simpatizantes por qué actúan así.