El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, ha intentado recuperar parte del terreno político perdido tras la crisis de los cribados de cáncer de mama. Lo ha pretendido con su actuación moderada en el accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba). Esta catástrofe, que ha dejado 46 personas fallecidas y centenares de heridos, le ha valido al barón andaluz para proyectar una imagen más institucional y sobria, en contraste con la que había quedado tras las críticas sanitarias de hace unos meses.

El jefe del Ejecutivo andaluz ha optado por una actuación prudente, enfocada en el acompañamiento institucional, que le permita restaurar su imagen tras el desgaste ocasionado por su gestión de la Sanidad pública y, en concreto, con el escándalo de los cribados de cáncer de mama. Sin embargo, detrás de esto también hay una estrategia política menos visible, pero igualmente relevante que permite al presidente de la Junta asumir esa moderación. Y es que es Génova y Alberto Núñez Feijóo quienes ponen los decibelios al debate público, centrando su acción política en una ofensiva de desgaste contra el Gobierno de Pedro Sánchez.

Mientras que el presidente andaluz optaba por el silencio institucional, la dirección nacional del Partido Popular activaba su cacería política en paralelo. Desde Madrid, el PP reclamaba abiertamente la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, exigiendo explicaciones inmediatas en el Congreso y registrando peticiones de comparecencia para depurar responsabilidades políticas. De esta forma, Moreno Bonilla mantenía un perfil bajo y, a su lado, Feijóo y su equipo convertían la tragedia en un eje de desgaste directo contra La Moncloa.

Tragedia en Adamuz 

El accidente en Adamuz, que provocó la colisión de dos trenes de alta velocidad, desató una respuesta de emergencia en toda la región y la declaración de tres días de luto oficial. Moreno, junto al presidente del Gobierno y otros dirigentes políticos, visitó la zona sin adoptar un papel de protagonismo excesivo, insistiendo en los mensajes de solidaridad y apoyo institucional a las víctimas y sus familias.

Esta postura comedida ha sido interpretada como un ejercicio de actuación sobria respecto al impacto social de la tragedia, que ha servido para calmar las aguas en un momento en el que su Gobierno todavía arrastraba críticas por sus políticas sanitarias nefastas. En concreto, por la deficiente gestión de los cribados de cáncer de mama en Andalucía, una de las mayores crisis de Moreno Bonilla desde que accedió a la Presidencia de la Junta. Esta gestión - calificada por gran parte de la sociedad civil como negligente - derivó en protestas y una bajada de popularidad que abrió el debate sobre su capacidad de liderazgo. Sin embargo, en Adamuz, lejos de adoptar un comportamiento al estilo Mazón, el barón conservador se ha obcecado en recomponer su reputación pública en un año en el que se avecinan elecciones autonómicas que, aunque no hay fecha oficial, se espera la convocatoria para antes del verano. 

Moreno Bonilla ha optado por un estilo de comunicación que evita el ruido y apuesta por la cercanía institucional en momentos de crisis. Esa moderación ha contribuido a suavizar críticas y atraer a sectores del electorado desencantados con su gestión política. Queda por ver si esta moderación calculada será suficiente para neutralizar los efectos de una crisis que golpeó con fuerza a la sanidad pública andaluza o si, por el contrario, el electorado mantendrá en su memoria el episodio de los cribados.

Moncloa, contra el ruido

El Gobierno, de hecho, no centra el foco tanto en Moreno Bonilla, como en la cúpula del Partido Popular. Fuentes del entorno del jefe del Ejecutivo consultadas por ElPlural.com incluso sugieren que no hay nada que reprochar al barón conservador. No tanto así como ocurre con la dirección nacional de los conservadores. Entre la inquietud y la rutina, estas voces lamentan que Génova trate la tragedia de Adamuz como munición política contra Pedro Sánchez y el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, una de las patas más robustas del ala socialista en la coalición. 

En el complejo presidencial lamentan que el PP no salga de ese modus vivendi de instrumentalizar las tragedias, tratando de convertir el accidente de Adamuz en la DANA del PSOE. De ahí, prosiguen, que se hayan lanzado a la yugular del Gobierno reclamando las renuncias tanto de Sánchez como de Puente. "Van pasados de frenada. Desde siempre. Hablan desde su burbuja, desde su realidad construida. El gran peligro es que es probable que ellos mismos se crean su relato", lamenta un alto cargo de Moncloa, quien también subraya que esta estrategia no hace sino "dar alas" a la ultraderecha y alimentar un "monstruo" que - auguran - les "acabará devorando", incluso en Andalucía. En consecuencia, blindan la gestión previa y posterior del ministro del ramo, insistiendo en que en Adamuz "no había nada incorrecto" y censurando que ni el propio PP tiene una "base sólida" sobre la que sostener su retórica. 

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