El tiempo vuelve a apremiar en Andalucía para suscribir una coalición en la izquierda progresista. Este viernes 3 de abril se termina el plazo para el registro de coaliciones para los comicios del 17 de mayo, e Izquierda Unida y Podemos no han cerrado aún pacto alguno para concurrir juntos. El candidato de Por Andalucía y coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, intentó apaciguar las aguas y aseguró que no existirían lo que denominó como "dramas de última hora", pero lo cierto es que está ocurriendo lo mismo que en mayo de 2022: las formaciones apuraron tanto los plazos que no les dio tiempo a inscribir una coalición, llegaron tarde al registro y Podemos tuvo que concurrir de manera independiente por quedar fuera del marco de Por Andalucía.

En esta ocasión, Maíllo ha delegado las negociaciones en el coordinador de Izquierda Unida Andalucía, Toni Valero, y en el secretario general del Partido Comunista de Andalucía, Ernesto Alba, mientras que por parte de Podemos dialogan Nicolás Sguiglia, concejal en el Ayuntamiento de Málaga e integrante de la dirección andaluza, y Javier García, responsable de comunicación. Por su parte, la secretaria general, Raquel Martínez, no está participando debido a una baja médica. Cabe señalar que Valero y Sguiglia ya tuvieron un primer contacto la semana anterior, aunque no se hicieron públicos detalles al respecto.

Tan pronto como octubre de 2024, hace año y medio, IU impulsó una propuesta para revalidar la coalición con la suficiente antelación y no sufrir el mismo gatillazo que en 2022. No obstante, Podemos no ha asistido a ninguna de las reuniones de la mesa de partidos, a pesar de que su dirección, encarnada en Martínez y en el diputado andaluz por Córdoba, José Manuel Gómez Jurado, defiende la unidad. Huelga decir, no obstante, que han existido factores exógenos: en una entrevista en abril de 2025, Gómez Jurado argumentaba que en abril de 2025 se alcanzó el citado preacuerdo para concurrir en coalición, pero que no se consideró prioritario desde "otros frentes", en clara referencia a la dirección nacional del partido, encabezada por Ione Belarra. El cordobés añadió en esas conversaciones que todas las direcciones de negociación apuntaban a la opción de la coalición, pero que se entorpeció desde Madrid y ahí estuvieron enrocados durante mucho tiempo.

Giros de timón de última hora

Pero el pasado domingo, Podemos cambió de postura repentinamente cuando su candidato a la presidencia de la Junta, Juan Antonio Delgado, tendió la mano a Maíllo, una posición que fue confirmada al día siguiente por el portavoz del partido, Pablo Fernández. La formación morada acepta tanto la candidatura de Maíllo como la continuidad de Movimiento Sumar, en un movimiento que responde, en gran medida, a la limitación de sus aspiraciones y a la preocupación por su debilidad electoral tras los resultados obtenidos en Aragón y Castilla y León, dos escenarios en los que ya lo tenían difícil de por sí y en los que no pasaron del 1% de los apoyos. Un tercer golpe, en este caso en Andalucía, podría ser nefasto no solo para la salud de la propia formación en conjunto, sino también para las ya complicadas expectativas de una hipotética candidatura de Irene Montero en las elecciones generales. Ante esta situación, el martes, la ejecutiva andaluza aprobó por unanimidad su integración en la candidatura de Por Andalucía, en la que ya participaba, y además convocó una consulta urgente a la militancia, que fue respaldada por una amplia mayoría.

En la actualidad, el grupo parlamentario está compuesto por cinco diputados, la cantidad mínima para tenerlo, procedentes de distintas provincias: Sevilla (Movimiento Sumar), Málaga (IU), y Cádiz, Córdoba y Granada (estos tres últimos de Podemos). Las propuestas para confeccionar las listas ya están definidas: Maíllo liderará la de Sevilla; Esperanza Gómez (Movimiento Sumar), la de Cádiz; José Antonio Jiménez Ramos (Iniciativa del Pueblo Andaluz), la de Huelva; y Ernesto Alba (IU), la de Málaga. De cara a las urnas, la coalición Por Andalucía está integrada por IU, Movimiento Sumar, Iniciativa del Pueblo Andaluz, el Partido Verde (anteriormente Verdes-Equo) y Alternativa Republicana. De todas ellas, la que cuenta con mayor implantación territorial y tradición es Izquierda Unida, con 5.100 militantes, 840 concejales, 62 alcaldías y participación en el gobierno de 25 ayuntamientos andaluces, según datos de la federación. Por su parte, Podemos cuenta con tres concejales en municipios donde se presentó en solitario y 18 en coalición con IU y otras fuerzas. En 2024, coincidiendo con la elección de Raquel Martínez como secretaria general, el partido tenía alrededor de 20.000 inscritos, y en la consulta celebrada el jueves para autorizar a la dirección a buscar "los acuerdos necesarios" de cara a una candidatura más amplia, 5.710 personas dieron su opinión, con un 81,4% de apoyo a unas negociaciones cuyo plazo acaba en la medianoche de este viernes. 

En 2022, la desconfianza mutua fue protagonista y las negociaciones llegaron tan al límite que Podemos quedó formal y jurídicamente fuera de la candidatura, y sus diputados concurrieron como independientes. En aquella ocasión, el registro se realizó a las 23:57 horas, a dos minutos del límite de tiempo. El documento oficial del acuerdo debe incluir aspectos como la denominación, las siglas, los símbolos, las circunscripciones y los órganos de dirección y coordinación. Paralelamente, ambas formaciones firmaron otro acuerdo en el que se fijaba un reparto de poder en futuros e hipotéticos cargos institucionales, incluyendo la Mesa del Parlamento y otros órganos, así como los turnos de intervención y distribución de asignaciones parlamentarias. Dicho pacto resultó claramente favorable a Podemos y fue calificado desde IU como "el documento de la rendición". Así las cosas, las reticencias a lo largo de los años han sido numerosas, y la historia amenaza con repetirse. El tiempo apremia.

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