Comienza a cundir el desaliento en las filas socialistas. La confianza y hasta el optimismo de la semana pasada en lograr la investidura de Susana Díaz en segunda votación, que se celebrará el viernes 8, han sufrido un duro correctivo esta semana al comprobar el PSOE que Podemos no piensa moverse ni un milímetro de sus posiciones pese a haber incluido la candidata en su discurso de investidura un recorte del 10 por ciento en cargos públicos y de personal de confianza o una serie de compromisos para acotar la discrecionalidad de la banca en materia de desahucios. A la líder de Podemos Teresa Rodríguez le “suena bien la música y la letra” de muchas de esas propuestas, pero insiste en dos cosas: la primera, que no se fían de las promesas de la presidenta en funciones; y la segunda, que el PSOE no quiere cancelar sus cuentas con los bancos que desahucian a familias sin alternativa habitacional ni publicar los sueldos y la lista de personal directivos de empresas públicas, así como tampoco reducir los cargos públicos de cada consejería a consejero y viceconsejero, dejando el cargo de director general en manos de funcionarios de carrera. EL FOLIO Aun así, el PSOE todavía no ha remitido a Podemos el famoso ”folio” –según expresión del número dos socialista Juan Cornejo que la número uno de Podemos repetía ayer con sorna– donde deberá poner por escrito su última oferta a la formación morada. Fuentes socialistas consultadas por este periódico se mostraban pesimistas en dos sentidos: en que no ven a Podemos con intención de moderar sus exigencias y en que hay problemas jurídicos insalvables para retirar las cuentas públicas de las entidades bancarias. Mientras tanto, en Podemos esperan el dichoso folio con el escepticismo de quien no confía en el redactor del mismo y con el desahogo de quien está seguro de no perder nada rechazando las propuestas que pueda contener. Inicialmente, la posición de la dirección nacional Podemos con respecto a la investidura era mucho más flexible de la impuesta finalmente por la dirección andaluza, que al fijar de manera tan taxativa sus exigencias apenas se ha dejado a sí mismo margen para, llegado el caso, hallar una salida intermedia sin sufrir demasiadas magulladuras. LA SORPRESA Pero los problemas para los socialistas de cara a la investidura de Díaz no provienen solo de Podemos, sino –más inesperadamente– también de Ciudadanos, con quienes habían llegado a un principio de acuerdo para su abstención en segunda votación sobre el que el líder nacional del partido, Albert Rivera, derramaba ayer mismo un extemporáneo jarro de agua fría al exigir a la candidata socialista que firme ya por escrito que Chaves y Griñán dejarán sus escaños. Las palabras de Rivera trascendían coincidiendo con la intervención del líder andaluz Juan Marín en la sesión de investidura, donde hizo un discurso crítico pero tendiendo al PSOE una mano que Rivera pareció cercenar desde Barcelona. Para Ciudadanos tampoco es fácil gestionar esta situación: temen que un sí a la investidura les perjudique electoralmente porque el PP lo utilizaría con saña contra ellos, pero al mismo tiempo les preocupa un bloqueo institucional que habría estado en su mano evitar. EL DESCONCIERTO En las filas socialistas cunde el desconcierto, aunque no lo dan todo por perdido. Saben que ningún partido quiere repetir las elecciones, pero también tienen la sospecha –en muchos diputados, la certeza– de que toda la oposición parece dispuesta a estirar el periodo de investidura hasta después de las municipales del 24 de mayo. Aunque más bien remota, una posibilidad es que el PP, tras votar de nuevo que no en la sesión del viernes próximo, se avenga a abstenerse en la siguiente votación que convoque el presidente del Parlamento. ¿Y por qué habría el PP de hacer tal cosa? Tal vez porque con esa táctica habría hecho visibles hasta casi la humillación los apuros de Susana Díaz y al mismo tiempo habría contentado a sus candidatos a la alcaldía temerosos de que un bloqueo de la investidura en plena campaña pueda perjudicar sus expectativas electorales. Y no solo sus expectativas: el escenario institucional del día siguiente al 24-M puede ser un infierno para el PP de cara a posibles pactos, para los que con toda seguridad no podrá contar con Podemos ni con IU y puede que tampoco con Ciudadanos si persiste en seguir demonizándolo. Y además tendrá enfrente a un PSOE con el ‘cuchillo entre los dientes’ dispuesto a tomarse la revancha por la humillación de no haber podido formar gobierno pese a haber ganado las elecciones con holgura y no existir ninguna otra alternativa de investidura.