Hace ya dos semanas que las Setas de Sevilla han dejado de ser solamente un espacio de tránsito turístico para convertirse en el epicentro de las movilizaciones contra la especulación inmobiliaria. Durante la calurosa tarde del jueves, numerosos sevillanos quisieron mostrar su solidaridad a la figura de Maricarmen, desahuciada por un fondo buitre y fallecida el día anterior.
Las personas que allí se concentraron mantuvieron un minuto de silencio en las escaleras de las Setas de la Encarnación, frente a las acampadas. Tras el silencio, un enorme aplauso que duró varios minutos y que precedió los ya sonados cánticos de “Todas somos Maricarmen”.
“Maricarmen vive, la lucha sigue”, se podía leer en uno de los cartones de apoyo que acompañaba decenas de velas en honor a una figura que cambiaría el rumbo de todo un país. El caso de Maricarmen no es extraordinario, sino que se repite por todo el mapa de España. Rosario, de 75 años, vecina del barrio de la Macarena y con un 38% de discapacidad, tiene una orden de desahucio inminente que, según los manifestantes, “aún estamos a tiempo de parar”.
“La sociedad estaba adormecida”, defendió un joven frente a los manifestantes. Instó a no olvidar el legado que nos ha dejado su lucha y la de tantas personas como ella. Esta "violencia sistemática” no comienza ni termina aquí. “Nuria y Mercedes, de 64 y 54 años, se quitaron la vida juntas el día de su desaucio en julio del 24. Albert, de 83 años, se quitó la vida en Torremolinos en octubre de 2025. Marta, de 70, dejó su vida en un trastero de Triana en agosto de este año. Olga, de 54 años, se suicida tras ser desauciada en Hospitalet en septiembre de este año”, denunció el joven.
Los “herederos de Maricarmen”, como se definieron los propios manifestantes, continuarán la lucha desde las acampadas, organizadas de tal manera que todos los días a las ocho de la tarde preparan una asamblea para seguir luchando, formándose y apoyándose entre sí.
Allí, en las tiendas de campaña se encontraba como cada tarde Lucía, una joven que, desde el inicio de la movilización, pasa buena parte de sus días en las Setas de Sevilla, llegando incluso a dormir allí. Frente a una pequeña barra improvisada donde sirven café, Lucía contaba que el campamento funciona de manera asamblearia y se divide en distintas comisiones: cocina, comunicación, seguridad, almacén, tesorería o actividades, entre otras.
La organización, explicó, ha ido creciendo a medida que se ha sumado gente de manera espontánea. Los participantes se distribuyen las tareas para mantener la acampada en funcionamiento y toman decisiones a partir de la experiencia compartida. “En general destacaría que estamos muy bien organizadas”, señaló Lucía, que asegura que cada vez que vuelve encuentra caras nuevas y compañeros que se van incorporando.
Pero la crisis de la vivienda no es solo una preocupación para quienes ya tienen dificultades para mantener un hogar. También golpea a jóvenes que trabajan y, aun así, no pueden independizarse. Lucía, que trabaja como operadora de cámara en una productora audiovisual, ha vuelto a vivir con su madre después de haber compartido piso durante cuatro años en Sevilla. “Es duro volver a tener que volver por el precio de los alquileres”, explicó.
Por su parte, Claudia Ruiz, de 28 años, nos relató cómo recibió la noticia del fallecimiento de Maricarmen pocos minutos después de producirse. “No daba crédito. Fue frustrante”, recordó. Para ella, que la mujer haya muerto sin poder regresar a su casa convierte su historia en un símbolo de una injusticia que va más allá de una sola generación.
“Vemos que no es una cuestión que nos afecte solo a los jóvenes, lo de la vivienda, también a nuestros padres o incluso a nosotros mismos”, señaló Claudia, que acudió a la movilización para mostrar su rechazo a una situación que considera insostenible.
La muerte de Maricarmen ha reforzado así una protesta en Sevilla que habla de alquileres, identidad, formas de gobierno, desahucios, alquileres y sobre la dignidad y el derecho de todas las persona a tener un hogar en el que vivir y morir. Frente a los manifestantes, un joven tomó el micrófono para despedirse de Maricarmen y reivindicar el legado que deja tras de sí: “Desde aquí nunca te olvidaremos por ser la catalizadora de este movimiento en el que hemos despertado y por el que hemos tomado las plazas de nuestras ciudades”.
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