La reciente encuesta poselectoral del CIS sobre las pasadas elecciones autonómicas andaluzas, aporta datos interesantes para interpretar sus resultados y para reflexionar sobre las afinidades ideológicas y de estatus social de los votantes de cada partido, que puede ser útil a efectos del proceso de investidura aún pendiente de resolver y del desarrollo de la legislatura. En un trabajo sobre las elecciones de 2102, publicado algunos meses después de que se celebraran, mantenía que el apoyo sostenido al PSOE en Andalucía podía explicarse, entre otras cosas, por el peso y la inercia del voto ideológico. Es decir, por la afinidad y la cercanía ideológica entre buena parte de la ciudadanía andaluza y la orientación de las políticas desarrolladas por el PSOE durante los años que lleva gobernando. También, por la afinidad mayoritaria con la cosmovisión, más práctica y experiencial que teórica, de la izquierda en general y de la que representa el PSOE. Así ha sucedido de nuevo en 2015. Aunque el resultado para el PSOE haya sido el peor desde 1982, le sigue permitiendo ser el partido más votado dentro el izquierda, a bastante distancia de Podemos e Izquierda Unida, dentro de un contexto en el que ha aumentado la fragmentación tanto de la izquierda como de la derecha. Los partidos de izquierda (PSOE, IU y Podemos) han sumado en esta ocasión el 57,16 % de los votos, recuperando el nivel que tenían antes de 2012, año en el que la suma de PSOE e IU bajó al 50,91%. AUTO-POSICIÓN Y POSIBLES PACTOS La puntuación de la auto-posición ideológica de los andaluces, según la encuesta citada, es de 4,46 en la escala 1 a 10 (1 extrema izquierda y 10 extrema derecha). La posición que los andaluces atribuyen al PSOE es 4,26. Unas posiciones que pueden calificarse como centro–izquierda. Posiciones que en el caso del PSOE tienen la menor distancia entre ellas si se compara con la de los demás partidos (PP 7,85; Podemos 2,42; Ciudadanos 5,66; IU 2,51). La encuesta permite también ver como se autodefinen los votantes en una escala cualitativa de posiciones ideológicas en los tipos siguientes: conservador/demócrata cristiano (I), liberal (II), progresista, socialdemócrata, socialista (III) y comunista (IV). Según los datos de la encuesta, la mayoría de los votantes del PP pertenecen al grupo I (48%) y II (19%). Los del PSOE al grupo III (67%). Los de Podemos están más divididos, la mayoría en el grupo III (42%) y después en el II (19%) y en el IV (14%). Los votantes de Ciudadanos se concentran en los grupos III (38%) y II (31%). Los votantes de IU pertenecen al grupo III (40%) y al grupo IV (26,2%). Estos datos confirman, en cierta medida, la transversalidad ideológica en el caso de Podemos y la imagen de Ciudadanos como una especie de nueva derecha moderna, más centrada y social, ya que entre las categorías de liberal y progresista suma el 59% de sus votantes. PP y Ciudadanos comparten una cierta mayoría en la suma de los grupos (I) y (II), con el 67% y el 41 % respectivamente de los votos agregados, aunque con una distancia importante en la suma de cada uno. Por su parte, el grupo III constituye una especie de máximo común denominador de PSOE, Podemos, Ciudadanos e IU (progresistas, socialdemócratas y socialistas) con una suma agregada que va de un máximo en el caso del PSOE (67%) a un mínimo en el caso de Ciudadanos (37,8%), distancia algo mayor que la anterior. En teoría, esto dibuja la posibilidad de un espacio de encuentro amplio entre partidos, en el que deberían poder encontrarse puntos en común para la colaboración política, dados los solapes ideológicos entre los votantes de todos ellos. Pero también refleja numéricamente el juego de proximidades y lejanías que se dan por parte de Ciudadanos con el PP y el grupo de izquierda (PSOE, Ciudadanos e IU) dentro del que se da la mayor proximidad. QUIÉNES VOTAN QUÉ Pero esto no es todo. Otros datos que también aporta la encuesta hacen más compleja la situación. La encuesta del CIS atribuye a cada encuestado un nivel de estatus dentro de una escala. Este nivel se obtiene mediante los datos sobre formación, ocupación, renta y otros que han aportado los entrevistados en la encuesta. Según esta escala, los votantes del PSOE que pertenecen al nivel de obreros cualificados y no cualificados son el 64,4% y el resto pertenecen a clases medias/altas. En el PP, sin embargo, el 78,6% de los votantes pertenecen a clases medias/altas y el resto son obreros. En Podemos, el 50% son obreros y el otro 50% pertenecen a clases medias/altas. En Ciudadanos, el 75,4% pertenecen a clases medias/altas y el resto son obreros. En IU, el 56,1% son obreros y el resto pertenecen a clases media altas. Estas clasificaciones hay que tomarlas con cautela. No obstante, indican una estructura en la composición del voto de cada partido que recuerdan la del párrafo anterior y, a la vez, la modulan. Según esta escala de estatus, el común denominador de votantes de clase trabajadora alcanzaría al grupo de partidos de izquierda, alejaría a Ciudadanos de él y lo aproximaría con más claridad al PP. Las preferencias de los votantes sobre las coaliciones de gobierno tras las elecciones añaden alguna información más a esta reflexión. La mayoría de los votantes de Podemos (72,7%) prefiere un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Una mayoría algo menor pero también amplia de los votantes de Ciudadanos (63,5%) preferirían un gobierno de coalición entre PSOE y Ciudadanos. El análisis de las proximidades y lejanías entre los partidos nuevos y emergentes que expresaban las tipologías anteriores, queda más claro con estos datos, que parecen plantear al PSOE el reto de acertar, llegando a acuerdos con ambos u optando entre uno y otro. LA DESAFECCIÓN SIGUE AHÍ La compleja situación del nuevo escenario de pluralismo político, ha llegado sin que los indicadores del clima de desafección política que se venían viendo en lo últimos años hayan mejorado. Esta encuesta se ha hecho tras la entrada en el escenario de los nuevos partidos, que venían a mejorar la representación y la forma de hacer política. Es cierto que el trabajo de campo se ha hecho en el mes siguiente a la celebración de las elecciones, sin que haya dado tiempo a ver ni siquiera los primeros efectos de estos cambios. Pero podría esperarse que tal vez mejoraran por el hecho de su entrada como nuevos actores en el escenario. No ha sido así. La política sigue generando en dos tercios de los ciudadanos desconfianza, irritación, aburrimiento o indiferencia. Sólo en torno a un 25% de ciudadanos siente interés, entusiasmo o compromiso con ella. Hay poca diferencia cuando estas cifra se refieren a los votantes de los distintos partidos. Igual sigue sucediendo con la percepción de la actividad política. Aproximadamente tres de cada cuatro ciudadanos sigue pensando que “esté quien esté en poder siempre busca sus intereses personales” y que “los/las políticos/as no se preocupan de la gente como yo”. Por el contrario, una proporción similar de ciudadanos piensa que “a través del voto, la gente como yo puede influir en lo que pasa en la política”. También en este caso hay pocas diferencias entre los votantes de los distintos partidos. Es posible que los votantes de los partidos emergentes hayan expresado su opinión pensando en las circunstancias anteriores, que ellos criticaban, y no en la nueva situación que han contribuido a crear y quieren mejorar. Esperemos que la encuesta poselectoral de las próximas elecciones sea dentro de cuatro años y que la solución que la política dé a esta nueva situación sirva para mejorar estos indicadores y comprobar que, en efecto, los votos han servido para ello. (*) Manuel Pérez Yruela es doctor y profesor de Investigación de Instituto de Estudios Sociales Avanzados, perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas.