Cada viernes, el coronel de García Márquez baja al puerto a esperar una carta. Es un militar retirado, lleva quince años aguardando la que le reconozca la pensión y vuelve a casa con las manos vacías. Ricardo Sánchez, delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, vive algo parecido, visto desde fuera: su futuro lo van resolviendo otros, en actas y en listas, y en público nadie ha dado una explicación.
En el PP de Sevilla se ha instalado un método: retirar a un dirigente por partes, sin cese ni portazo, de manera que cada decisión parezca un trámite. Sánchez, el hombre que Moreno envió en 2022 a poner orden, como contó este diario, se va de la presidencia en un relevo que fuentes populares encuadran en la normalidad orgánica. Su nombre falta en la propuesta de candidatura para las generales del 29N, pendiente de que la ratifique el Comité Electoral Nacional, y faltó en la lista andaluza de mayo. Por separado, son trámites. Juntos trazan una línea.
El contraste está en la propia lista de mayo. Agustín Aguilera, a quien Moreno colocó de secretario general en 2025 y que aspira a suceder a Sánchez, iba en el número seis de la candidatura de Patricia del Pozo por Sevilla. Sánchez, que en 2022 sí fue candidato y llegó a tener acta de diputado, no iba. El relevo completa además la renovación de la cúpula con hombres de Moreno.
Hay un dato que contradice la línea y conviene ponerlo encima de la mesa. Sánchez sigue, de momento, como delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, un puesto institucional pomposo, pero limitado en cuanto a poder. Caben dos lecturas, y este periódico no puede descartar ninguna. Una es la continuidad: la Junta quiere tranquilidad en la Delegación hasta pasadas las municipales de mayo de 2027. La otra es que mantenerlo allí sea un último gesto que a Moreno le sale barato.
Sánchez figuró como investigado en el caso del tanatorio de Mairena del Alcor, donde era alcalde, por un presunto delito de administración desleal, y la causa quedó archivada de forma provisional en septiembre de 2025.
La pérdida de poder orgánico de Sánchez, su ausencia de las listas y, previsiblemente, su salida de la Delegación guardan una relación directa con el devenir del PP de Sevilla, que en lo esencial sigue siendo el de la época de Arenas: padrinos antes que urnas y familias que se pasan la llave del partido, con las candidaturas decididas desde la capital, como ha ido contando este diario. Sánchez llegó para poner orden y se marcha con la casa como estaba. El partido afronta mayo de 2027 con unas expectativas nada halagüeñas: bajas en La Rinconada, Morón, Mairena del Aljarafe y Dos Hermanas; y las alcaldías populares de Utrera y San Juan de Aznalfarache, que fuentes del entorno del presidente de la Junta dan por casi perdidas.
Queda la Delegación, su bote salvavidas, que el Gobierno andaluz puede retirarle cuando quiera. Esta es la lectura de quien firma, y puede equivocarse: si la línea sigue, la Delegación será la siguiente pieza.
Al coronel, al final, le queda el gallo. Su mujer quiere venderlo, ahora que le dan dinero antes de que pierda una pelea. Esta le pregunta qué van a comer mientras tanto y él responde con una sola palabra: “Mierda”. A Ricardo Sánchez le queda, de momento, la Delegación.
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