La vicesecretaria general y portavoz parlamentaria del PSOE-A, María Márquez, ha bautizado esta semana como una “novela turca” el proceso de negociación entre PP y Vox para garantizar la investidura de Juan Manuel Moreno Bonilla, que tendrá su primera prueba estos próximos lunes y martes, 29 y 30 de junio. “Muchos capítulos, muy pesados, con tiras y aflojas, pero todo el mundo sabe cómo termina”, ha ironizado la dirigente socialista desde el Parlamento andaluz, convencida de que ambas formaciones acabarán sellando un acuerdo pese a la escenificación pública de desencuentros.

La expresión resume una sensación que se ha instalado en la política andaluza desde las elecciones autonómicas del pasado 17 de mayo: la de una negociación desarrollada entre discretas reuniones, mensajes contradictorios, advertencias públicas y un hermetismo casi absoluto sobre el contenido real de las conversaciones. Algo que ha denunciado la portavoz socialista.

Mientras el calendario avanza hacia el debate de investidura previsto para esta próxima semana, PP y Vox han protagonizado un mes de movimientos calculados en el que abundan más las incógnitas que las certezas.

Del acuerdo en la Mesa al inicio de las negociaciones

El primer episodio de esta historia comenzó apenas unos días después de las elecciones. El PP perdió la mayoría absoluta conseguida en 2022 y se quedó con 53 escaños, dos por debajo de los 55 necesarios para gobernar en solitario. Desde ese momento, los votos de Vox pasaron a ser imprescindibles para la continuidad de Moreno en San Telmo.

La constitución del Parlamento ya dejó entrever que existían canales de comunicación abiertos entre ambas formaciones. El reparto de la Mesa de la Cámara fue la primera “escenificación” de las tiranteces entre formaciones. Apenas unos días antes comenzó realmente la negociación -oficial- entre partidos, tras 23 días desde que se celebrasen los comicios. El día de constitución de la Mesa, el PP solo había llamado a Vox para llegar a un acuerdo, ignorando a las izquierdas. En cualquier caso, Vox renunció a cualquier puesto en la misma: “Primero las medidas, luego los sillones”. Sin embargo, en las valoraciones posteriores, los dirigentes de Vox y PP, pese a que la Mesa se había constituido minutos antes, advirtieron de que la composición de la misma podía cambiar en función de los potenciales acuerdos. Algo que el resto de la oposición calificó como un “teatro”.

Desde entonces, los contactos se han sucedido con extrema discreción. Sin embargo, durante semanas ninguna de las dos partes ha querido detallar qué medidas concretas están sobre la mesa.

El “vodevil” y la política de la ambigüedad

La falta de información ha alimentado las críticas de la oposición. Primero fue la secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, quien calificó las negociaciones de “vodevil”. Después, María Márquez elevó el tono al hablar directamente de una “telenovela turca”.

La tesis socialista es clara: el pacto está cerrado desde hace tiempo y las diferencias públicas responden únicamente a una estrategia para aparentar dureza negociadora. “Juanma y Santi, Santi y Juanma”, ha resumido Márquez para insistir en que ambas formaciones acabarán gobernando juntas de una u otra manera.

Las izquierdas denuncian especialmente la opacidad del proceso. Más de un mes después de los comicios, aseguran desconocer qué concesiones está dispuesto a asumir el PP en cuestiones como inmigración, igualdad, políticas LGTBI o servicios públicos.

Por Andalucía y Adelante Andalucía se han sumado a esas críticas. Tanto Antonio Maíllo como José Ignacio García han acusado a Moreno de intentar preservar una imagen moderada mientras negocia con una formación que consideran su socio natural.

Entretanto, Vox ha alternado mensajes de optimismo con advertencias públicas. De hecho, Manuel Gavira ha llegado a afirmar esta semana que, “a día de hoy”, el voto de su grupo a la investidura sería contrario, aunque simultáneamente reconocía que las reuniones continúan y que existe “buena disposición” entre ambas partes.

La cuenta atrás hacia la investidura

La ronda de consultas celebrada esta semana por el presidente del Parlamento, Jesús Aguirre, ha servido para acelerar los tiempos. Tras reunirse con todos los grupos, Aguirre propuso oficialmente a Moreno como candidato y anunció su intención de celebrar el debate de investidura los próximos 29 y 30 de junio.

La decisión ha puesto en marcha la cuenta atrás definitiva para cerrar un acuerdo. El PP insiste en que Andalucía necesita “estabilidad” cuanto antes y defiende que las conversaciones avanzan en la “buena dirección”. Por su parte, Vox mantiene la presión y continúa sin aclarar si exigirá entrar en el futuro Gobierno andaluz o si le bastará con arrancar compromisos programáticos.

Mientras tanto, el contenido de la negociación sigue siendo el gran interrogante. La oposición asegura que ese es el verdadero debate y no la fecha del acuerdo ni la escenificación pública de las diferencias.

Por ahora, la “novela turca” continúa sumando capítulos. Pero, como repiten desde el PSOE-A, pocos dudan sobre cuál será el desenlace final. La incógnita que permanece abierta es qué precio político tendrá el pacto y hasta dónde llegará la influencia de Vox en la próxima legislatura andaluza.

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