En la jornada del pasado miércoles del Carnaval de Cádiz, una comparsa, 'Los locos', comúnmente conocidos como la Comparsa de la Cantera, hicieron su sonoro y sonado debut en las tablas del Falla, donde no solo impresionaron al público sino que lanzaron dos mensajes especialmente contundentes. El primero de ellos, dada la juventud de la mayoría de sus miembros, no pudo ser sino una denuncia en forma de pasodoble contra el éxodo de talento juvenil que marcha de la 'Tacita de Plata' por la ausencia de oportunidades; el otro, sin ningún tipo de complejos, un rapapolvo al que fuera obispo de Cádiz, Rafael Zornoza, acusado de abusar sexualmente de un menor hace tres décadas.
La comparsa de 'El Piru' y 'El Tomate' dedicaron su segundo pasoble a un hecho que ha sido muy sonado durante los últimos meses: las denuncias de acoso sexual que pesaban contra Rafael Zornoza, obispo de Cádiz y Ceuta hasta el pasado noviembre, cuando el papa León XIV aceptó su renuncia debido a las acusaciones que pesan sobre su persona. Entonces, Zornoza se defendía contra esta acusación, que calificaba de "injusta y falsa" y aceptaba la decisión del papa con "paz y fe", afrontando con "serenidad y confianza en dios" la defensa ante la acusación de abusos sexuales.
Los hechos investigados se remontan a la década de los 90, cuando Zornoza era sacerdote y rector del seminario de la diócesis de Getafe (Madrid). Según la carta remitida por la víctima a Roma, los abusos comenzaron en 1994, cuando el denunciante tenía 14 años, y se prolongaron de manera continuada hasta que cumplió los 21.
"Se metía en mi cama, me acariciaba y me besaba"
El testimonio de la víctima describe un patrón de abuso de poder y manipulación emocional. En su relato, detallaba cómo Zornoza aprovechaba su posición de autoridad para acceder a su habitación por las noches. "Se metía en mi cama, me acariciaba y me besaba", relataba el denunciante, quien aseguraba que estas situaciones se producían tanto en el seminario como en campamentos y convivencias.
Además de los tocamientos, la víctima denunció haber sido sometida a supuestas "terapias de conversión" tras confesar su homosexualidad al propio Zornoza, quien habría utilizado esa información para ejercer un mayor control sobre el joven.
El Vaticano, que ya contaba con la renuncia de Zornoza sobre la mesa por haber cumplido los 75 años (edad canónica de jubilación), no la había aceptado de inmediato. Sin embargo, la gravedad de las acusaciones y la apertura del proceso en el Tribunal de la Rota de la Nunciatura Apostólica en España han precipitado los acontecimientos.
La comparsa
Este fue el preludio del que El Piru y El Tomate se sirvieron para cantar y denunciar, con elegancia y con constantes referencias a espacios y símbolos religiosos de la ciudad, el abuso del prelado y el silencio de una institución como la Iglesia.