España vuelve a observar impotente, un verano más, cómo las llamas arrasan parajes naturales enteros y ponen en riesgo la vida de miles de vecinos que habitan en los municipios a los que rodean los incendios. Los fuegos que surgen en plena naturaleza se extienden a pasos agigantados, mientras los equipos de extinción trabajan incansablemente por tratar de controlarlos. Cada año se repiten, creciendo más y más, dejando imágenes desoladoras que no hacen sino generar gran tristeza.
Andalucía no ha sido una excepción y también, al igual que buena parte de las regiones españolas, se ha visto afectada por incendios de enorme magnitud, algunos de ellos todavía activos y provocando un enorme daño natural casi irreparable. Sin embargo, no solo el medio ambiente sufre ante el imparable avance de las llamas, sino que el fuego también afecta a numerosas personas, dejando no solo heridos, sino también fallecidos.
En un solo verano, el de este 2026, el territorio andaluz está asistiendo a dos de las mayores tragedias naturales que ha vivido en su historia. Comenzando por la provincia de Huelva, el incendio de Niebla se ha confirmado ya como el más grave de la historia de Andalucía en número de hectáreas afectadas junto al que tuvo lugar en Riotinto en 2004. En aquella ocasión, la superficie alcanzó las 34.000 hectáreas y en el caso de este año ya se habla de más de 38.000 recorridas.
Ahora bien, esta no ha sido la única gran desgracia que se ha lamentado enormemente en Andalucía este verano. Antes de que el incendio de Niebla superara al de Riotinto, el de Los Gallardos, en Almería, declarado este pasado 9 de julio en el paraje de Almocáizar, dejó 14 fallecidos y 18 personas atendidas. Ante estas cifras, ha sido catalogado como el incendio más mortífero de los registrados en España en el siglo XXI, superando así al incendio de Riba de Saelices, sufrido en la provincia de Guadalajara en 2005, y en el que murieron 11 personas.
Las llamas, presentes en toda Andalucía
Más allá de los incendios de Niebla y Los Gallardos, el verano está dejando en Andalucía un largo reguero de siniestros de distinta magnitud. La dimensión de la campaña llevó al Gobierno a declarar, a finales de julio, trece zonas de la comunidad como afectadas gravemente por una emergencia de protección civil. La relación incluye incendios registrados en ocho provincias y da una idea de la extensión territorial de la ola de fuegos.
Huelva ha sido una de las provincias más castigadas. Antes del gran incendio de Niebla, los municipios de Alosno, Villanueva de los Castillejos, Almonaster la Real y Cerro del Andévalo ya habían sufrido fuegos de consideración.
En Málaga, el fuego también puso contra las cuerdas a varias localidades. El incendio de Benahavís obligó a desalojar a más de 2.000 personas y a confinar a otras 370, además de provocar el corte de la AP-7. El operativo consiguió controlarlo el 11 de julio. También fueron incluidos en la declaración de zonas afectadas los incendios de Estepona-Benahavís y Árchez.
Cádiz vivió otro de los episodios destacados en Grazalema, donde un incendio en el paraje de El Alamillo llegó a afectar a unas 222 hectáreas y obligó a desalojar preventivamente a 188 vecinos. El fuego, favorecido por el viento y la complicada orografía, quedó estabilizado al día siguiente. Días después, otro incendio en Barbate obligó a cortar una carretera y a desalojar preventivamente un polígono industrial próximo a las llamas.
Jaén tampoco ha quedado al margen. El incendio declarado en Santa Elena, en el paraje de Los Abades, activó el nivel 1 de emergencia y provocó el desalojo de 190 personas. La rápida movilización de medios aéreos permitió frenar su avance y su evolución fue considerada favorable. En Granada, mientras tanto, se han sucedido varios incendios en la capital y el área metropolitana, incluido el del Cerro de San Miguel, donde dos personas han sido investigadas por su presunta relación con el origen del fuego.
Un verano en España que no caerá en el olvido: 226.391 hectáreas quemadas y 43 grandes incendios
El fuego no ha dado tregua este verano y, como se mencionaba, varias comunidades han afrontado incendios de gran magnitud, con miles de hectáreas calcinadas, evacuaciones y dispositivos de emergencia desplegados durante semanas. El balance nacional refleja la excepcionalidad de la campaña: hasta el 11 de agosto, España había contabilizado 226.391 hectáreas quemadas y 43 grandes incendios —aquellos que superan las 500 hectáreas—, frente a los 24 registrados en el mismo periodo de 2025.
Uno de los episodios más graves de las últimas semanas se localiza en Aragón. El incendio declarado en las Peñas de Riglos, en Huesca, ha superado las 10.000 hectáreas y mantiene activos varios frentes. El fuego ha obligado a evacuar a más de 830 personas de numerosas localidades y ha puesto bajo amenaza el conjunto histórico de San Juan de la Peña, cuyos bienes y restos de antiguos monarcas han tenido que ser puestos a salvo. Más de 500 efectivos y medios aéreos continúan trabajando sobre el terreno.
Castilla y León también ha concentrado buena parte de la emergencia. En León, el incendio de La Utrera, iniciado a finales de julio, quemó unas 150 hectáreas y obligó a evacuar dos localidades antes de quedar extinguido el 13 de agosto. En Segovia, el fuego de Navas de San Antonio provocó desalojos y confinamientos, aunque su evolución permitió posteriormente el regreso de los vecinos. Y en el Bierzo, el incendio de Caboalles de Abajo, que llegó a activar el nivel 2 de emergencia y amenazó a la población, ha quedado estabilizado tras afectar a unas 42 hectáreas.
La Comunidad Valenciana, por su parte, ha sufrido varios episodios relevantes, especialmente en el interior de Castellón, donde las llamas afectaron a municipios como Serra d'en Galceran, Tírig y Culla y obligaron a desalojos preventivos y al confinamiento de vecinos.
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