Los resultados del Informe PISA 2025 han confirmado los peores presagios para el sistema educativo español, dibujando un panorama de retroceso generalizado que golpea con especial dureza a comunidades autónomas como Andalucía. El estudio internacional, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), refleja una caída histórica en todas las competencias evaluadas, situando a la comunidad andaluza significativamente por debajo de los promedios nacionales y europeos.
Al desglosar el rendimiento del alumnado andaluz de quince años por disciplinas, las cifras evidencian una posición rezagada tanto en el plano estatal como en el internacional. En comprensión lectora, Andalucía registra 441 puntos, una puntuación que se sitúa diez puntos por debajo de la media española, fijada en 451 puntos, y que arrastra a la comunidad a la parte baja de la tabla territorial junto a comunidades como Canarias, Baleares y Navarra.
La situación es igualmente preocupante en el ámbito de las matemáticas, donde los estudiantes andaluces alcanzan los 442 puntos, quince por debajo del promedio nacional de 457 puntos. Con este registro, Andalucía se sitúa en los puestos de cola del país, quedando únicamente por delante de la Comunidad Valenciana, Ceuta y Melilla, y distanciándose de forma acusada de las referencias marcadas por la Unión Europea.
En el área de ciencias, que constituye el foco principal de esta edición del informe, el alumnado andaluz se queda en 462 puntos. Esta cifra contrasta con los 477 puntos de media en España y queda muy lejos del promedio de la OCDE, situado en 486 puntos, evidenciando una desventaja competitiva notable frente a los principales países europeos. Por su parte, en la competencia de resolución computacional de problemas, incorporada de forma destacada en esta evaluación, los estudiantes andaluces obtienen 483 puntos frente a los 499 puntos del promedio nacional, quedando relegados a los puestos inferiores de la clasificación y a considerable distancia de comunidades autónomas como Madrid, Asturias, Cantabria o Castilla y León.
España registra su peor informe
Cerca de 30.000 estudiantes españoles han participado en las pruebas de esta novena edición, cuyos resultados en conjunto registran la mayor caída desde el año 2000. España retrocede de manera notable en todas las áreas evaluadas, quedando por debajo de la media de la OCDE en cada una de ellas y dejando atrás los niveles de rendimiento previos. En ciencias, por ejemplo, España obtiene cinco puntos menos que el promedio de la organización internacional y cuatro menos que el de la Unión Europea, acumulando un descenso de 16 puntos desde 2015 que duplica la caída media registrada en el conjunto de los países participantes.
El deterioro del sistema educativo español es todavía más pronunciado en comprensión lectora, donde el país ha perdido 45 puntos en una década frente a los 27 de descenso acumulados por la OCDE. Este retroceso adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que en anteriores ediciones las distancias con el promedio internacional eran mínimas. En matemáticas, los estudiantes españoles se quedan en 457 puntos, situándose seis puntos por debajo tanto de la referencia de la OCDE como de la Unión Europea, y acumulando una pérdida de 29 puntos desde el año 2015.
Este desplome generalizado no se distribuye de forma homogénea entre los diferentes territorios del país. Mientras que Madrid y Castilla y León vuelven a consolidarse en la parte alta de la tabla con resultados que superan los estándares internacionales, el extremo contrario lo ocupan ciudades autónomas como Ceuta y Melilla, además de comunidades como Andalucía, junto a bajadas notables en lectura y ciencias en el País Vasco o en matemáticas en la Comunidad Valenciana.
Detrás de este declive, la OCDE señala factores socioeducativos y tecnológicos globales, situando el inicio de la tendencia negativa alrededor de 2015, coincidiendo con la generalización del uso de teléfonos móviles. Los analistas del organismo internacional apuntan a una correlación directa entre la creciente exposición a las pantallas durante el tiempo de ocio y las dificultades crecientes del alumnado para procesar textos complejos y largos. Asimismo, el informe advierte sobre el impacto de las nuevas tecnologías en las aulas, señalando que España registra un uso de inteligencia artificial para tareas escolares superior al promedio europeo, un factor que los expertos asocian a peores resultados en los sistemas educativos donde su implementación carece de una adecuada regulación pedagógica.
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