Elegir estilismo para la New York Fashion Week puede convertirse en un desafío estratégico, pero Irina Shayk demuestra que un uniforme bien definido nunca falla. Fiel a su estética de negro absoluto, la modelo apareció en el exclusivo club Zero Bond para una cena organizada por la firma Haikure con una interpretación audaz del after-dark dressing.

Su apuesta giró en torno a un vestido micro-mini de cuero con cuerpo ajustado y falda plisada de movimiento marcado, evocando una silueta colegial con giro provocador. Bajo el dobladillo, unas botas over-the-knee de impacto escalaron dramáticamente por la pierna, culminando en un tacón inclinado de carácter escultórico que añadió dimensión arquitectónica al conjunto. Completó el total look leather con una chaqueta motera coordinada, llevada abierta para acentuar la verticalidad.


El contraste llegó a través de las joyas de esmeralda, protagonistas indiscutibles del estilismo: collar llamativo, aros y anillos cóctel que aportaron brillo teatral. Un recogido en coleta alta y eyeliner gráfico afilado reforzaron la narrativa nocturna.

El negro sobre negro es un recurso clásico del manual editorial, pero Shayk lo transforma mediante proporciones extremas y accesorios estratégicos. Con botas vertiginosas y detalles statement, confirma que incluso la fórmula más segura puede reinventarse cuando se ejecuta con precisión y actitud.