El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl confirmó algo que la industria lleva años asumiendo: ya no es solo música, es moda en tiempo real. En el Levi’s Stadium, el escenario deportivo más visto del planeta se convirtió en una auténtica pasarela global gracias a Bad Bunny y Lady Gaga, dos artistas que entendieron el poder simbólico de la ropa tanto como el de la música.

El puertorriqueño inauguró la actuación con ‘Tití Me Preguntó’ y un estilismo inesperadamente sobrio. En lugar de una firma de alta costura, eligió la marca española Zara. El conjunto, diseñado junto a sus estilistas Storm Pablo y Marvin Douglas Linares, apostó por un total look color crema: camisa con cuello, corbata, chinos y zapatillas deportivas. Sobre la base minimalista destacó la pieza clave: una camiseta de inspiración futbolística con el apellido “Ocasio” y el número 64.


El detalle no era casual. Fans interpretaron que el número hacía referencia a 1964, año de nacimiento de su madre, Lysaurie Ocasio, convirtiendo el outfit en un gesto íntimo dentro del evento más masivo del mundo. Más tarde añadió un blazer cruzado en el mismo tono, guantes a juego y un reloj Royal Oak de Audemars Piguet en oro amarillo con esfera de malaquita, elevando el look desde lo cotidiano hacia el lujo silencioso.

La elección de Zara también funcionó como declaración cultural. A pesar de haber vestido recientemente piezas de alta costura masculina en los Grammy, el artista prefirió una firma accesible vinculada al mundo hispanohablante, reforzando el concepto del show: llevar Puerto Rico —y el español— al escenario global.

El contraste llegó con la aparición sorpresa de Lady Gaga, que regresó al Super Bowl con una estética completamente distinta. La cantante lució un vestido flamenco azul bebé firmado por la casa LUAR, con escote en V fruncido, cintura baja y falda de volantes en capas plisadas que creaban una silueta asimétrica de alto impacto visual. Completó el estilismo con tacones rojos y un ramo de flor de maga, la flor nacional de Puerto Rico, incorporando un guiño directo a la identidad del espectáculo.


El look se elevó con joyería de alta gama: la artista llevó pendientes de la colección Haute Joaillerie de Chopard en oro blanco de 18 quilates engastados con 11,18 quilates de diamantes, aportando brillo y sofisticación al conjunto escénico. Su melena, peinada en ondas largas y pulidas, acompañó la coreografía mientras descendía por las escaleras del estadio junto a la sección de metales del show.

La noche dejó claro que la moda puede narrar tanto como una canción. Bad Bunny apostó por el simbolismo cotidiano y la identidad cultural desde la sencillez; Lady Gaga, por el dramatismo escénico y la teatralidad. Dos enfoques opuestos que, juntos, transformaron el medio tiempo del Super Bowl en algo más cercano a una performance editorial que a un concierto.

Durante horas, las redes no solo compartieron la actuación: analizaron cada prenda, cada accesorio y cada referencia. Porque esta vez el recuerdo del show no fue únicamente musical. Fue estilístico. Y probablemente, uno de los momentos fashion más comentados en la historia reciente del Super Bowl.