Hay historias que parecen escritas para una biografía, y otras que simplemente ocurren porque no hay alternativa. La de Desirée Popper pertenece claramente a la segunda. Su carrera no nace del privilegio ni de la planificación, sino de la urgencia. Antes de pisar un set, antes de estudiar interpretación y mucho antes de aparecer en ficciones televisivas de éxito, su vida estuvo marcada por algo mucho más concreto: la necesidad de salir adelante.
Criada por sus abuelos y obligada a asumir responsabilidades desde muy pequeña, la actriz entiende hoy que aquella madurez precoz terminó convirtiéndose en la base de su trabajo. No lo recuerda como un peso, sino como un recurso. “Todo lo que he vivido se convirtió en equipaje emocional, pero en el mejor sentido posible. Es mi materia prima. Construir un personaje es canalizar experiencias reales y transformarlas en algo verdadero”, explica. Su método, lejos de la inspiración romántica asociada a la actuación, es físico y casi deportivo. “Trabajo con disciplina, resistencia y dedicación total. Casi obsesiva, diría. Pero es la única manera que funciona para mí”.
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A los 18 años tomó la decisión que cambiaría su vida: dejar Brasil y mudarse sola a Italia sin hablar el idioma ni conocer a nadie. Al recordarlo, no lo vive como un gesto impulsivo, sino como la consecuencia lógica de no tener opciones. “Fui valiente, sí. Pero también tuve muchos ángeles. Personas que aparecieron, me ayudaron y luego siguieron su camino. Siempre hubo señales, alguien que me decía: sigue adelante”. Para ella, la ausencia de red de seguridad fue precisamente lo que reveló su fortaleza. “Cuando no tienes opciones, descubres de lo que eres capaz. Y aprendí algo más: el mundo es un buen lugar. Hay gente realmente buena ahí fuera”.
Antes de la interpretación, su vida laboral estuvo muy lejos del glamour. Fue dependienta, recepcionista y también trabajó en una fábrica doblando camisetas durante jornadas interminables. Aquella experiencia, aparentemente ajena al cine, terminó siendo decisiva en su formación personal. “Aprendí repetición. Aprendí disciplina. Cuando haces algo muchas veces, mejoras. Te acercas a la excelencia. Nada se desperdicia. Todo te prepara para este momento”.
Su paso por el Teatro Golden de Roma consolidó esa ética de trabajo. En una industria cada vez más dominada por la visibilidad digital, Popper reflexiona sobre la confusión contemporánea entre fama y arte. “Hoy muchos creen que ser famoso es lo mismo que ser artista, y es triste. El arte exige profundidad: leer literatura, conocer historia del arte, Shakespeare, Dante, Beckett, Kafka… hay una base que no se puede saltar”. Sin embargo, no se muestra pesimista. “Las cosas son cíclicas. La disciplina y el contenido volverán a ser importantes”.
“Nunca perteneces del todo. Siempre eres un poco extranjera… y curiosamente me parece hermoso”
El verdadero punto de inflexión llegó durante la primera temporada de ‘Mare Fuori’ (Netflix). Era apenas su segundo proyecto profesional, pero algo cambió. Su personaje iba a ser argentino, aunque finalmente lo adaptaron a su origen brasileño, permitiéndole improvisar en su idioma y aportar su propia cultura. “Ese día no solo interpretaba. Estaba poniendo partes de mi vida dentro del personaje. Cuando terminamos pensé: aquí pertenezco. Esto es lo que debo hacer”. Aquella certeza, recuerda, fue el auténtico inicio de su carrera.
Su salto a producciones internacionales en 2025 podría haber supuesto un cambio interno, pero ella lo relativiza. “Siempre he trabajado fuera de mi país, así que para mí ya era internacional. En Hollywood cambia la escala, el presupuesto, el tamaño del equipo… pero no mi mentalidad. Somos personas trabajando juntas por un mismo sueño”.
Quizá por eso tampoco se siente vinculada a un solo lugar. Ha vivido en Brasil, Italia, Turquía, Madrid y Nueva York, y se define como ciudadana del mundo. Para explicarlo recurre a una palabra brasileña: saudade. “Estás en Italia y echas de menos Brasil; estás en Nueva York y echas de menos a tus amigos italianos. Nunca perteneces del todo. Siempre eres un poco extranjera. Y curiosamente me parece hermoso”. Incluso lo toma con humor: “Tengo un máster en desapego: de lugares, personas y circunstancias. Es una especie de superpoder”.
Su mirada global también influye en su visión política. Observa tensiones sociales tanto en Europa como en Brasil o Estados Unidos. “No es un problema de un país. Es algo mundial. El mundo ahora es una incógnita. Incluso te hace cuestionarte tener hijos”. Frente a ello adopta una postura íntima: “Intento cuidar a la gente cercana y reducir, aunque sea un poco, la angustia de este tiempo. Eso es lo que está bajo mi control”.
Aunque suele separar vida y trabajo con rigor, hubo un proyecto que la afectó profundamente. Durante la última temporada de ‘Mare Fuori’, su personaje era víctima de abuso sexual y, para interpretarlo, investigó historias reales. “No fue difícil dejar al personaje; fue difícil dejar la realidad. Saber lo que tantas mujeres han vivido pesa”.
A pesar de la incertidumbre propia de la profesión, nunca llegó a abandonar. “La carrera de actor es cien ‘no’ por cada ‘sí’. Yo elijo enfocarme en el sí. Cuando llega, hace que todo valga la pena”. Cuando imagina hablar con la joven que partió sola con una maleta, la respuesta le sale sin pensar. “Estaría orgullosa. Le diría que todo va a salir bien, que merece ser feliz y que continúe. Todo habrá valido la pena”.