No todas las series consiguen sobrevivir al paso del tiempo, ni todos los personajes permanecen en la memoria del público. Pero algunos trascienden su época y siguen emocionando años después. Es el caso de Ana Fernández, que conquistó a toda una generación con Sandra, la joven capaz de controlar la electricidad en Los Protegidos, y que más tarde volvió a dejar huella con su trabajo en Las chicas del cable.
Ahora, mientras triunfa cada tarde en Sueños de libertad dando vida a Valentina, la actriz compagina ese intenso presente con el regreso de uno de los personajes más queridos de su trayectoria en Los Protegidos: El Regreso. Lo comprueba cada vez que alguien se le acerca para hablar de aquella serie que marcó a toda una generación y que, sorprendentemente, sigue conquistando a otra nueva.
Lejos de asombrarse, considera que ahí reside precisamente la magia de la ficción. "Lo bueno que tiene Los Protegidos es que ha ido captando a las nuevas generaciones. Los hijos de aquellos niños y adolescentes que la vieron hace tantos años ahora también la descubren. Por eso sigue viva".
Es un personaje que ha crecido conmigo
Ana habla de Sandra con un cariño intacto. No solo porque fuera uno de los personajes más importantes de su carrera, sino porque sigue encontrando en ella motivos para admirarla. Más allá de sus poderes, cree que siempre representó una heroína en el sentido más humano de la palabra.
"Era una heroína moral. Una chica luchadora, con unos sentimientos muy puros y una capacidad enorme para querer a los demás. Creo que esos personajes inspiran y hacen que quien los vea quiera ser mejor persona".
Esa evolución también ha sido personal. Igual que Sandra ha madurado desde las primeras temporadas hasta Los Protegidos: El Regreso, Ana siente que ambas han recorrido un camino muy parecido.
"Hemos crecido las dos. Ella con sus circunstancias y yo con las mías, pero al final el cambio ha sido el mismo: aprender, caerse, levantarse y seguir adelante".
Reconoce que volver a interpretar a Sandra tantos años después ha sido una experiencia especialmente emocionante. No solo por reencontrarse con un personaje tan querido por el público, sino porque, de algún modo, siente que nunca ha dejado de acompañarla.
Aunque, si pudiera escoger un superpoder para su vida cotidiana, no elegiría precisamente el de controlar la electricidad. Entre risas, admite que hay otro que le resultaría mucho más útil.
"Me encantaría teletransportarme. Me apasiona viajar, pero odio todo lo que supone hacerlo. No me gustan nada los aeropuertos: facturar, pasar los controles, quitarte los zapatos, sacar los líquidos... Me encanta llegar al destino, pero todo lo demás lo eliminaría encantada".
Del regreso de Sandra al desafío de una serie diaria
Actualmente, su realidad es muy distinta. Su día a día transcurre en Sueños de libertad, una de las series más vistas de la televisión, donde interpreta a Valentina. Un trabajo que, reconoce, exige una disciplina férrea.
La actriz no maquilla el esfuerzo que supone formar parte de una serie diaria. Al contrario. Habla de jornadas interminables, madrugones, estudiar escenas cada noche después de doce horas de rodaje y de una organización absoluta de la vida personal.
"Durante esos meses tu vida es prácticamente la serie. Tienes que organizarte muy bien en casa, descansar, estudiar muchísimo y asumir que apenas vas a tener libertad para improvisar un viaje o un fin de semana fuera".
No es casualidad que sienta una enorme admiración por quienes llevan años trabajando en este formato. "Creo que es de lo más duro que existe dentro de la interpretación. No todo el mundo está preparado para aguantar ese ritmo durante tanto tiempo".
Si algo le sedujo de Valentina fue precisamente que rompía con el tipo de personajes que había interpretado hasta entonces. Acostumbrada a dar vida a mujeres fuertes y decididas, encontró especialmente atractivo enfrentarse a alguien mucho más vulnerable. "Me gustaba esa fragilidad, ese miedo y esa inseguridad".
Ese cambio es precisamente lo que sigue buscando como actriz. Después de tantos años delante de las cámaras, necesita que cada proyecto le plantee un reto diferente.
"Nosotros hacemos arte al interpretar emociones, historias y personajes. Cuando te ofrecen algo distinto, te ilusiona muchísimo más porque te obliga a salir de tu zona de confort".
Mientras muchos espectadores solo ven el resultado final, ella explica que detrás existe una maquinaria en la que el margen de error es mínimo. "Apenas hay tiempo para repetir escenas. Llegas con el texto perfectamente aprendido porque muchas veces solo tienes dos tomas".
Es ahí donde considera que realmente se mide el oficio de un intérprete. "Puedes grabar cuatro o cinco páginas en cuarenta minutos. Si eso sale adelante es porque los actores llegan muy preparados".
Ana habla con entusiasmo del ambiente que ha encontrado en el rodaje y del papel que han jugado sus compañeros para hacer más llevadero un ritmo de trabajo tan exigente. Con un reparto tan amplio resulta imposible compartir el mismo tiempo con todos, pero reconoce haber encontrado grandes apoyos durante estos meses.
Menciona especialmente a Isabel Moreno, con quien ha compartido camerino durante toda la temporada. "Las dos tenemos un humor muy parecido y eso, cuando pasas tantísimas horas esperando entre secuencias, se agradece muchísimo".
Fue increíble comprobar que no hacía falta cruzar el charco para que conocieran tu trabajo
Si Los Protegidos marcó a toda una generación, Las chicas del cable supuso otro de los grandes hitos en la carrera de Ana Fernández. La primera serie original producida por Netflix en España abrió una puerta que cambiaría la forma de consumir ficción en nuestro país y, de paso, multiplicó la proyección internacional de sus protagonistas.
La actriz recuerda aquella etapa con un cariño especial, aunque reconoce que al principio todo era una incógnita. "Había muchísima ilusión, pero también mucha incertidumbre. Nadie sabía qué iba a pasar porque era un formato completamente nuevo".
Lo que llegó después superó cualquier expectativa. "La serie funcionó en todo el mundo. Canadá, Italia, Argentina, México.... Fue increíble comprobar que no hacía falta cruzar el charco para que conocieran tu trabajo".
Aunque el público suele imaginar que los repartos mantienen amistades inseparables para siempre, Ana prefiere desmontar ese mito con total naturalidad. "Es un trabajo como cualquier otro. No tienes por qué hacerte íntimo amigo de todo el mundo".
Eso no significa que no conserve vínculos importantes. Al contrario, asegura que las experiencias compartidas durante tantos años dejan una huella difícil de borrar.
"Compartes años muy intensos y eso no se olvida nunca. Una de las grandes amistades que me dejó Las chicas del cable fue Nadia de Santiago. Hablamos prácticamente todos los días, viajamos juntas y formamos parte de la vida de la otra".
Mirando atrás, considera que Las chicas del cable tuvo el recorrido perfecto. "Creo que tuvo un cierre muy redondo. Antes había series que duraban eternamente y terminaban desdibujando a los personajes. Esta empezó donde tenía que empezar y acabó cuando tenía que acabar".
Lejos de cerrar la puerta a aquel proyecto, reconoce que volvería a reunirse con el reparto siempre que surgiera la oportunidad. "Soy una persona muy leal con mis proyectos. Siempre lo he sido".
La lealtad es un concepto que aparece varias veces durante la conversación y que, según explica, define tanto su forma de trabajar como de entender las relaciones personales. "He renunciado a trabajos por compromiso con el proyecto en el que estaba. Creo mucho en respetar aquello de lo que formas parte".
Reconoce, eso sí, que esa manera de actuar también tiene su lado menos amable. "Cuando eres muy leal, a veces te llevas palos porque no todo el mundo funciona igual".
Sacamos esa oscuridad a través de un personaje sin hacer daño a nadie
Después de más de dos décadas de profesión, Ana Fernández ha desarrollado una forma muy personal de construir sus personajes. No le interesa la intensidad forzada ni los grandes artificios interpretativos. Para ella, lo verdaderamente importante es la autenticidad. "Mi voz es mi voz. Lo importante no es cambiarla, sino darle verdad al personaje".
Esa naturalidad, asegura, es fruto de haber comenzado muy joven en televisión y de todo lo aprendido en la ficción diaria. "En la ficción diaria aprendes a resolver. Aprendes cosas que no aparecen en ningún manual".
A pesar de la experiencia acumulada, siente que todavía le quedan muchos caminos por recorrer. Hay un personaje que lleva tiempo esperando. "Me encantaría interpretar a una villana de verdad".
Lo dice convencida de que todos convivimos con una parte luminosa y otra mucho más oscura. “Como actores tenemos la suerte de sacar esa oscuridad a través de un personaje sin hacer daño a nadie. Por eso a tantos intérpretes les fascina hacer de villanos".
Entre los mayores desafíos de su carrera recuerda especialmente una película en la que tuvo que bailar. No porque la danza le disgustara, sino porque nunca había sido algo natural para ella.
La experiencia fue tan exigente que algunas de las escenas más complejas acabaron realizándose con una doble. "Fui muy sincera con el director. Prefería reconocer mis limitaciones antes que lesionarme intentando hacer algo para lo que no estaba preparada".
Los papeles también eligen a sus actores
Mirando al futuro, tiene claro qué tipo de historias le gustaría contar. "Me falta un thriller de suspense, de esos en los que hay que resolver un caso o incluso ser quien lo provoca".
También conserva algunos nombres propios entre sus deseos profesionales. Directores como Paco Cabezas o actores como Javier Gutiérrez figuran entre las personas con las que le gustaría coincidir algún día.
Como cualquier intérprete, ha perdido papeles por el camino. Sin embargo, hace tiempo decidió cambiar la forma de afrontar esas situaciones. "Nunca voy a un casting a sufrir. Voy a disfrutar".
Con los años ha aprendido que muchas veces aquellos personajes que tanto deseaba tampoco habrían encajado realmente con ella. "Normalmente luego veo el proyecto y pienso: efectivamente, esto no era para mí".
Por eso insiste en que el destino también juega un papel importante dentro de una profesión en la que intervienen demasiados factores como para reducirlo todo al talento. "Hay muchísimas personas tomando decisiones. Cuando una cosa tiene que ser para ti, termina llegando".
Quizá esa serenidad sea una de las mayores conquistas que ha logrado después de tantos años delante de la cámara. Sigue disfrutando de los nuevos proyectos, continúa buscando personajes que la reten y conserva intacta la ilusión de quien comenzó muy joven en esta profesión.
Pero ahora entiende que, en esta profesión, cada personaje termina encontrando al actor que le corresponde.
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