• Entre el fútbol, la presión competitiva y su primera experiencia dentro de la moda, Claudia Pina representa a una nueva generación de deportistas que entiende el éxito desde la cercanía, la disciplina y la posibilidad de abrir caminos para las que vienen detrás.

Hay algo especialmente genuino en Claudia Pina. Quizá porque, incluso formando parte de una de las generaciones más exitosas del fútbol femenino español, sigue hablando desde un lugar extremadamente natural, sin construir un personaje alrededor de sí misma. Dentro del campo transmite seguridad, ambición y una competitividad feroz; fuera de él, en cambio, aparece una versión mucho más tímida, cercana y observadora. Esa dualidad quedó especialmente visible durante su primera portada de moda junto a Nike, una experiencia completamente nueva para ella.

Pero antes de llegar ahí, hubo muchos años de trabajo, entrenamientos y una familia acompañando cada paso desde el principio. “Siempre han estado a mi lado desde pequeña, animándome a seguir y a luchar por un sueño que era ser futbolista profesional. Ellos lo viven con mucho orgullo y mucha ilusión, igual que yo. Siempre están muy felices de todo lo bueno que me pase.”

Ese apoyo constante se mezcla hoy con una realidad que hace apenas unos años parecía imposible para muchas niñas que crecían soñando con jugar al fútbol: llenar estadios, ganar títulos internacionales y convertirse en referentes visibles para nuevas generaciones. Para Claudia, el crecimiento del fútbol femenino es evidente, aunque todavía quede mucho camino por recorrer. “Pienso que los tiempos han cambiado y que el fútbol femenino ha crecido bastante. Obviamente queda mucho por seguir creciendo. Es difícil llegar al punto donde están los chicos, sobre todo económicamente, pero lo único que buscamos las futbolistas es que todo a nivel sea profesional para poder vivir bien de ello y que cada vez más niñas quieran jugar al fútbol.”

Más allá de lo deportivo, entiende perfectamente el valor simbólico que tiene ocupar espacios históricamente reservados para hombres. La conversación sobre igualdad forma parte inevitable del fútbol femenino actual, aunque ella lo explica desde un lugar sencillo y directo, sin necesidad de grandes discursos. “Creo que es importante que niñas y niños que crecen hoy tengan referentes femeninos, algo que hace años no era habitual. También hay que darle la misma importancia o el mismo valor a un hombre que a una mujer, porque al final todos podemos hacer las cosas bien.”

Y cuando habla de fútbol, lo hace desde la convicción de quien siente que el nivel ya no necesita justificarse. “Hay mucha gente que disfruta viéndonos jugar a nosotras, creo que lo hacemos muy bien. Ojalá cada vez haya más niñas y mujeres con ganas de seguir cambiando las cosas.”

Esa cercanía también se traslada a la relación que mantiene con la afición. Mientras el fútbol masculino muchas veces convive con ambientes más agresivos o tensos, ella percibe el fútbol femenino como un espacio más familiar y más centrado realmente en el deporte. “Siento que todo es mucho más cercano, más familiar. Hay gente que va a partidos de fútbol masculino y sale desquiciada por las cosas que se pueden llegar a decir. En cambio, en el nuestro la gente suele salir muy contenta porque el ambiente se anima igual, pero es mucho más tranquilo, más familiar. Creo que está todo mucho más centrado realmente en el fútbol como fútbol.”

Aunque el deporte ocupa el centro absoluto de su vida, esta portada también le permitió entrar en un universo completamente distinto: el de la moda. Y ahí volvió a aparecer esa diferencia entre la seguridad que transmite en el campo y la timidez con la que llegó al shooting. “He llegado un poco nerviosa porque también soy un poco tímida y la verdad es que hay que tener bastante actitud para hacerse fotos así.”

Sin embargo, poco a poco terminó soltándose. La música, el ambiente y el equipo ayudaron a transformar la experiencia en algo mucho más natural. “Luego ya he estado más tranquila y me he ido soltando un poco y ya me salía todo mucho más fluido. Me habéis ayudado mucho, hablándome, poniéndome música y haciéndome sentir como en un lugar en el que ya había estado antes. Creo que me lo he pasado muy bien y me gustaría repetir.”

Para alguien acostumbrada a competir delante de miles de personas, enfrentarse a una cámara desde un lugar más editorial y performativo terminó siendo, curiosamente, uno de los mayores retos del día. “Lo que hago en el campo lo llevo haciendo desde muy pequeña y durante muchos años. Hoy era un ambiente nuevo, algo que no había hecho nunca, y obviamente me ha costado un poco empezar.”

Y quizá precisamente por eso resultaba interesante verla descubrir otro tipo de lenguaje. Porque, aunque asegura no tener todavía demasiada relación con el mundo de la moda, sí reconoce que le interesa mucho más de lo que imaginaba. “Por lo poco que conozco, me parece un mundo bastante divertido. Hoy hemos pasado un buen rato y es un mundo que no tenía muy visto, pero me gusta lo que veo.”

 

“Ojalá cada vez haya más niñas y mujeres con ganas de seguir cambiando las cosas”.

 

Su relación con Nike, sin embargo, viene de mucho antes. La marca ha acompañado prácticamente toda su evolución profesional, desde la adolescencia hasta convertirse en una de las figuras más importantes del fútbol femenino actual. “Llevo muchísimos años con ellos, desde los 15, si no me equivoco. Nike lleva mucho tiempo apostando por nosotras y creo que al final también nos ayuda a crecer como jugadoras y personas.”

Esta vez, sin embargo, la experiencia fue distinta. No se trataba solo de deporte o rendimiento, sino de explorar otra forma de identidad a través de la ropa, la imagen y la actitud. “Hay cosas que igual veo en la web de Nike y no me las pediría, pero depende de cómo te lo pongan y de la gente que sabe. Luego me veo en fotos y me gusta mucho.”

La moda aparece para ella desde un lugar muy intuitivo, todavía sin grandes referencias o diseñadores favoritos, pero con curiosidad real por seguir explorando ese universo. Cuando se le pregunta si le gustaría participar en campañas de moda en el futuro, su respuesta llega inmediata: “Sí, la verdad que sí. ¿Por qué no?”

Aun así, por encima de cualquier experiencia nueva, el fútbol sigue siendo el centro absoluto de todo. Cuando tiene que definirse dentro del campo, lo hace con tres palabras claras: “Competitiva, goleadora y ambiciosa.” Y quizá esa última palabra resume bastante bien el momento que atraviesa. Porque aunque ya ha vivido hitos históricos —llenar el Camp Nou, ganar títulos con el Barça y triunfar con la selección—, todavía sigue mirando hacia delante.

“Me gustaría volver a ganar la Champions con el Barça y ganar algún título importante con la selección.”

Al pensar en la niña que soñaba con dedicarse al fútbol, la reflexión no gira tanto alrededor de los logros, sino del camino recorrido. “Le diría sobre todo que disfrutara del proceso y del camino. Es muy difícil llegar donde estamos hoy. El fútbol femenino ha crecido muchísimo y hemos vivido cosas increíbles.”

Y quizá ahí está precisamente lo más interesante de Claudia Pina: en esa mezcla entre ambición y naturalidad. Una futbolista que ya forma parte del cambio generacional del deporte español, pero que sigue viviendo cada experiencia nueva —ya sea una final, una portada o un shooting de moda— con la ilusión sincera de alguien que todavía no ha dejado de sorprenderse.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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