Para ZEGNA, el armario no es un lugar de paso, sino un espacio vivo donde las prendas descansan, envejecen y regresan una y otra vez al cuerpo. Bajo esta premisa, la colección Otoño-Inviero 2026 se articula en torno a la idea del family closet, un guardarropa compartido que conecta generaciones a través del acto cotidiano de vestirse. Aquí, la ropa no se conserva como reliquia: se usa, se hereda y se resignifica.
La propuesta nace de un armario real e íntimo, compuesto por prendas pertenecientes a Gildo Zegna y Paolo Zegna, representantes de la tercera generación de la familia. A estas se suman piezas transmitidas por generaciones anteriores, que funcionan como referencias vivas para definir proporciones, tejidos y formas. En el centro simbólico de la colección se encuentra el legendario ABITO N.1, el primer traje confeccionado en los años 30 para Ermenegildo Zegna, realizado Su Misura en lana australiana y conservado en una vitrina de cristal. No como pieza de museo, sino como ancla emocional del relato.
El director artístico Alessandro Sartori concibe la moda como una segunda piel construida con el tiempo. En su visión, las prendas pasan de un cuerpo a otro dentro de un armario compartido, protegidas del abandono para seguir siendo útiles. Ese instante en el que alguien descubre una chaqueta que perteneció a su padre o a su abuelo se convierte en motor creativo: un diálogo silencioso entre posturas, actitudes y memorias. El resultado son piezas pensadas para perdurar, no para agotarse en una sola temporada.
La histórica lana Trofeo, introducida por la casa en 1965, ocupa un lugar central y se reinterpreta desde una mirada contemporánea. Cada prenda se desarrolla mediante un proceso de prueba constante: vestir, ajustar, volver a vestir. El cuerpo dicta el diseño, y el uso real termina de definirlo.
En silueta, los abrigos y chaquetas ganan longitud y volumen, con hombros marcados y presencia estructural. Los pantalones fluyen desde cinturas altas y ceñidas, mientras que la americana cruzada se transforma: algunas versiones reducen el cierre a un tercio de lo habitual; otras incorporan un botón horizontal adicional que permite múltiples formas de abrochar y adaptar la prenda. La flexibilidad es clave. Aparecen blazers con doble solapa, blusones con doble cuello y categorías que se mezclan sin rigidez.
Los materiales aportan textura y calidez. Shearling, bombers de punto y piezas de piel con carácter gráfico conviven en blazers de cuello alto, chalecos acolchados y cazadoras. Los accesorios prolongan la lógica del armario vivido: slippers y mocasines de ante, fieltro de lana y nubuck, gafas de líneas cuadradas, sombreros impermeables forrados en fieltro y bolsos de estructura blanda pensados para el uso diario.
La paleta cromática se construye desde tonos cremosos como stella alpina, meliga y larice, hacia profundidades de mogano, brandy, terra, corteccia, torba y bosco. Toques de zaffiro, bruma y giada aportan contraste, mientras que el gris antracita y el negro suavizado remiten a los orígenes clásicos de la sastrería masculina. Los tejidos —tweed, flanela, denim, gabardina y variaciones de cashmere— se seleccionan por su peso, textura y capacidad de envejecer con dignidad.
Con Fall Winter 2026, ZEGNA propone una visión del lujo basada en la continuidad, el uso y la herencia. Una colección que no busca imponerse, sino acompañar. Porque en este armario familiar, vestir bien no es una cuestión de novedad, sino de historia compartida.