Los focos de la prensa deportiva se posaron sobre Carlos Alcaraz tras su pase a la final del Queen’s Club, pero no fue su raqueta lo que más comentarios generó. La aparición de Emma Raducanu en el balcón de miembros durante los últimos minutos del partido bastó para encender las redes y alimentar —una vez más— los rumores de un posible romance entre ambos tenistas.

Aunque la historia parece salida de una comedia romántica con raqueta, muchos medios ya se han lanzado a especular sobre lo que podría haber más allá de la cancha. ¿Por qué? Porque en la misma semana se confirmó que Alcaraz y Raducanu jugarán juntos el dobles mixto en el US Open, y además compartieron un vídeo promocional donde el buen feeling entre ambos fue más que evidente.

Las palabras del murciano tampoco ayudaron a calmar las aguas: “Ella va a ser la jefa. Estoy súper emocionado”, confesó Alcaraz al anunciarse el dúo. “Conozco a Emma desde hace mucho tiempo, tenemos muy buena relación. Pensé que no podía haber mejor compañera que ella, así que le pedí personalmente que jugáramos juntos”. La química es clara. La pregunta es: ¿también fuera del court?

No sería la primera vez que Wimbledon, más allá de sus tradiciones, sirve como escenario para titulares más propios de la prensa del corazón que de la deportiva. En los próximos días, no faltarán los periodistas que —como cada año— buscarán más titulares personales que análisis de juego. Basta recordar cuando Venus Williams fue interrogada por el color de su sujetador en plena rueda de prensa: “No quiero hablar de ropa interior. Es incómodo, respondió ella, con razón.

La diferencia ahora es que tanto Alcaraz como Raducanu manejan el foco mediático con habilidad. Saben lo que implica cada gesto y cada declaración. Por eso, la aparición puntual de Emma en el palco de Alcaraz —y no en otro partido— ha dado lugar a interpretaciones más allá del deporte.

Sea una estrategia mediática o un vínculo real que va más allá del mix doubles, lo cierto es que el público está atento. El shipping ya está en marcha. Y en Wimbledon, donde la hierba es tan tradicional como el cuchicheo en la sala de prensa, cualquier complicidad fuera de lo estrictamente tenístico será convertida en titulares jugosos.

La pareja deportiva del verano ya está servida. Si hay algo más… el tiempo (y quizás el lenguaje corporal en Flushing Meadows) lo dirá.