Durante una reciente entrevista en The Howard Stern Show, Rosé, integrante de BLACKPINK, se vio envuelta en una inesperada polémica tras recibir una pregunta tan innecesaria como incendiaria: “¿Crees que tus compañeras están celosas de tu éxito?”.
Lejos de dejarse atrapar por la provocación, Rosé respondió con serenidad y cariño, subrayando la complicidad que existe entre las cuatro artistas: “No, para nada. Creo que todas entendemos lo que implica este proceso de trabajar en solitario, y eso nos une aún más. Compartimos nuestras experiencias, se preocupan por mí, las amo. Son mi familia, son como mis hermanas”, declaró.
Y es que no tendría coherencia pensar que las demás miembros de BLACKPINK sienten celos de Rosé. Cada una de ellas ha trazado su propio camino, destacando en distintos campos. Es cierto que Rosé brilla con fuerza en la música, pero Lisa es un fenómeno global en el mundo de la moda: es embajadora de marcas como Bvlgari, Kith Women o Louis Vuitton, y cada alfombra roja que pisa se convierte en un evento viral. Jennie, por su parte, es rostro oficial de Chanel, una de las casas de moda más importantes del mundo, y ha colaborado con firmas como Beats y Adidas. Y Jisoo, lejos de quedarse atrás, representa a marcas como Tommy Hilfiger, Self-Portrait o Alo Yoga.
¿Quién puede negar que cada una está escribiendo su propia historia? Es verdad que Rosé ha apostado con más determinación por su carrera musical y recientemente ha sido reconocida con un importante premio, pero si el resto de sus compañeras decidieran centrarse con el mismo empeño en lo musical —lo cual no es obligatorio ni criticable—, seguramente alcanzarían el mismo o incluso mayor éxito que ella.
Intentar enemistar a las chicas con preguntas sacadas del manual noventero del sensacionalismo no solo resulta anticuado, sino también fuera de lugar. Es hora de dejar atrás esa narrativa de competencia femenina forzada. BLACKPINK ha demostrado que el éxito también se construye en sororidad.