El esperado retorno de Ralph Lauren a la Fashion Week de Milán fue, ante todo, una declaración de identidad. Lejos de apoyarse en logotipos excesivos o golpes de efecto gratuitos, la colección de Hombre Otoño-Invierno 2026 desplegó un auténtico “variety show” de estilos, actitudes y referencias culturales que condensan décadas de imaginario Ralph Lauren en un solo recorrido.
El ambiente ya marcaba el tono desde el inicio: música de big band, detalles clásicos cuidadosamente orquestados y un front row repleto de figuras reconocibles como Colman Domingo, Tom Hiddleston y Liam Hemsworth, sentados como protagonistas silenciosos de una narrativa que hablaba de elegancia masculina en múltiples registros. Todo resultaba profundamente reconocible sin caer en la caricatura.
La colección avanzó como un mosaico de arquetipos. Desde el exceso controlado de Polo Ralph Lauren, con capas superpuestas y referencias deportivas, hasta la sofisticación milanesa reinterpretada desde Purple Label, el desfile propuso una convivencia natural entre lo preppy, lo militar, lo western, lo vintage y el lujo clásico. Abrigos camel impecables, pantalones de tartán estilizados, puffer jackets en naranja intenso, vaqueros envejecidos, trajes de raya diplomática y pantalones de cashmere convivieron sin fricción, demostrando que la coherencia no está reñida con la variedad.
Aunque el diseñador no estuvo presente físicamente, su mensaje apareció en cada asiento: la colección se inspira en “las diferentes formas en que viven los hombres, su individualidad y su estilo personal”. Esa idea se tradujo en personajes casi narrativos sobre la pasarela. Poetas bohemios con chaquetas de cuero bordadas y vaqueros manchados de pintura, hombres de montaña, snowboarders, rancheros contemporáneos y perfiles Ivy League compartieron espacio, todos unidos por una misma noción de autenticidad.
El giro hacia la Purple Label marcó el momento más lujoso del desfile. La entrada de una figura con capa, blazer de tartán y pantalón de esmoquin transformó el tono hacia un terreno más exclusivo, donde incluso las propuestas más conservadoras se vieron atravesadas por guiños deportivos y referencias al après-ski. Prendas técnicas y detalles funcionales se integraron en siluetas clásicas, reforzando una idea de lujo práctico y vivido.
El cierre evitó el gesto tradicional del diseñador saludando al público. En su lugar, una coreografía perfectamente alineada con el espíritu de la marca: camareros impecables sirviendo copas de champán, sellando la experiencia como un acto de hospitalidad elegante más que como un espectáculo de ego creativo.
Con Hombre Otoño-Invierno 2026, Ralph Lauren demuestra que su fuerza no reside en reinventarse radicalmente, sino en saber releer su propio legado desde la pluralidad masculina contemporánea. Una colección que no busca sorprender por ruptura, sino por la solidez de un universo donde cada hombre puede encontrar su lugar.