Decir adiós no siempre implica melancolía. En el caso de Hermès Men Fall 2026, la despedida se siente como un gesto de plenitud, de misión cumplida y de absoluta coherencia creativa. Tras 37 años al frente del menswear de Hermès, Véronique Nichanian firma su última colección como un manifiesto silencioso: elegante, sólida, profundamente artesanal y, al mismo tiempo, inesperadamente libre.
Lejos de mirar atrás con añoranza, la diseñadora plantea esta colección desde la afirmación. No hay revisión forzada del archivo ni golpes de efecto innecesarios. Lo que hay es una demostración clara del músculo de Hermès: materiales excepcionales, construcción impecable y una sensibilidad que entiende el lujo como algo duradero, honesto y profundamente humano.
La colección se articula alrededor de una estética aviadora retro, inspirada en el imaginario del vuelo, la exploración y la aventura. El espíritu de los pioneros del aire sobrevuela las prendas sin caer en la literalidad. Chaquetas bomber de shearling, abrigos con cuellos estructurados y hebillas de cuero, gorras con orejeras y monos de inspiración militar construyen una narrativa masculina sólida, protectora y sofisticada.
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Hermès Otoño 2026
Los materiales, auténticos protagonistas del desfile, elevan cada silueta. El cocodrilo brillante, tratado casi como un espejo, aparece en trajes y abrigos pensados para ocasiones especiales, especialmente vinculadas al imaginario festivo. El shearling, exuberante y táctil, se presenta tanto en versiones clásicas como en interpretaciones cromáticas inesperadas: desde blancos helados hasta tonos rosados que recuerdan al pomelo. Es lujo sin estridencias, pero imposible de ignorar.
Nichanian demuestra una vez más su maestría en el equilibrio entre funcionalidad y fantasía. Algunas piezas rozan lo conceptual —como los monos de cuero o cocodrilo—, pero nunca pierden su anclaje en la realidad del hombre Hermès: un hombre que viaja, que se mueve, que vive. Incluso los bolsos de viaje, de líneas rectas y proporciones generosas, refuerzan esa idea de desplazamiento constante, de tránsito elegante.
La riqueza visual se multiplica en los detalles. Superficies trabajadas con patchworks de cuero, bufandas largas con bloques de color, jerséis intervenidos con cremalleras, cuellos altos adornados con flores difuminadas. Esos mismos motivos florales reaparecen, casi como un susurro, en la espalda de trajes grises de sastrería precisa. Nada es gratuito; todo está pensado para ser descubierto con el tiempo.
Más allá de la ropa, el desfile funciona como un acto de cierre histórico. Al final, imágenes de archivo proyectadas recuerdan las múltiples ovaciones recibidas por Nichanian a lo largo de su trayectoria. Amigos, colaboradores y figuras clave del diseño viajan a París para acompañarla en este último gesto. El homenaje no es grandilocuente, sino profundamente respetuoso, en sintonía con su forma de entender la moda.
Con esta colección, Hermès despide no solo a una directora creativa, sino a una manera de trabajar cada vez más escasa: la de construir una visión durante décadas, con tiempo, disciplina y apoyo estructural. En una industria acelerada y volátil, el legado de Véronique Nichanian se erige como una excepción luminosa.
No hay arrepentimientos ni cuentas pendientes. Hermès Men Fall 2026 no es un punto final dramático, sino un cierre sereno. Un último vuelo alto, estable y seguro, que confirma que el verdadero lujo no necesita reinventarse cada temporada, sino mantenerse fiel a sí mismo. Y en ese gesto, Nichanian deja una huella imposible de replicar.