Nuno Gallego camina con serenidad por un terreno donde el éxito avanza con paso firme. Con una mirada que rehúye los clichés y una presencia que no necesita estridencias, se ha consolidado como una figura clave del audiovisual contemporáneo. Lo suyo no es solo presencia: es una forma de habitar el oficio con cuerpo, alma y escucha.
“Desde que empecé, tengo claro que hay que mantener los pies en la tierra. La exposición viene sola, pero lo importante es crecer con humildad”, dice. Ese compromiso se plasma en ‘Olympo’, su nueva serie, donde encarna a un personaje atravesado por la ambición y los vínculos familiares. “Lo que más me atrajo fue el reto físico. También la relación con su hermano… hay algo muy visceral ahí”, comparte.
Acostumbrado a equilibrar la belleza con el contenido, Nuno esquiva con elegancia la etiqueta de sex symbol. “No me siento sexualizado. Intento que el foco esté en lo que puedo aportar más allá de lo visual”, afirma. Y añade: “El orgullo tiene que ver con aceptar quién eres y poder vivir desde ahí. Me siento orgulloso de haber construido mi camino sin prisas”.
“No me interesa mostrar una versión perfecta todo el tiempo. Me parece mucho más interesante dejar espacio para la vulnerabilidad”
Nuno Gallego
Formado en teatro, esgrima y danza, Gallego da importancia al cuerpo como herramienta narrativa. “Me ayuda a entender cómo se mueve alguien según lo que ha vivido”, explica. Su forma de vestir, como su forma de actuar, es honesta: “A veces juego con la ropa, pero sin forzar nada”.
Hay en él una sensibilidad que no teme incomodar, una verdad que no busca halagos. “Nuestra generación tiene algo de eso: mostrarse real, sin filtros”, insiste.
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