Malú vuelve a demostrar que su relación con el público trasciende la lógica habitual de un concierto. La artista ha colgado el segundo cartel de sold out dentro de su residencia Siete Noches en la Plaza de Toros de Las Ventas, reafirmando su lugar como una de las voces más influyentes de la música española contemporánea.

Ante un recinto completamente lleno, la cantante ofreció un espectáculo emocionalmente intenso y cuidadosamente construido, con un repertorio que superó las cuarenta canciones. La velada funcionó como un recorrido por toda su trayectoria: desde los himnos que marcaron a varias generaciones —Blanco y Negro, Ahora tú, Toda, A prueba de ti o Vuelvo a verte— hasta los temas que inauguran su nueva etapa artística, entre ellos Primer amor, Todo sabe a ti y El intento. El concierto no fue solo una sucesión de éxitos, sino una narrativa musical que repasó más de dos décadas de carrera.

Uno de los momentos más celebrados llegó con la aparición sorpresa de Rosario, junto a quien interpretó Desaparecer, provocando una ovación inmediata del público. También destacó la colaboración con María Terremoto en Ángel caído, donde ambas voces compartieron protagonismo en un duelo vocal cargado de matices flamencos. Como guiño al futuro, la artista adelantó además su nuevo tema inédito Salvar al rey, recibido con entusiasmo por los asistentes.

La puesta en escena acompañó la propuesta con precisión: iluminación dinámica, cambios de atmósfera y un ritmo escénico pensado para sostener la intensidad durante toda la noche. Lejos de apostar por la espectacularidad vacía, el concierto priorizó la emoción, apoyándose en la potencia vocal de la intérprete y en una cercanía constante con el público.


Estas siete fechas consecutivas en Madrid no solo consolidan el momento artístico de Malú, sino que evidencian el vínculo construido con su audiencia a lo largo del tiempo. Las Ventas, una plaza clave dentro de su historia, se convierte así en el escenario simbólico de una etapa renovada, en la que pasado y presente conviven con naturalidad.

La residencia madrileña confirma algo que pocas carreras consiguen sostener: continuidad, relevancia y conexión real con varias generaciones. Más que una gira, Siete Noches se perfila como una celebración compartida entre artista y seguidores, y como la prueba de que el directo sigue siendo el territorio donde la música cobra su verdadero sentido.