A sus 81 años, Manolo Blahnik sigue siendo uno de los nombres más icónicos de la moda internacional. El diseñador canario, célebre por haber elevado el arte del calzado a la categoría de objeto de deseo, celebra en 2025 el 115 aniversario de la fundación de su casa, y lo hace con la misma vitalidad que lo ha acompañado desde sus inicios en Londres en los años setenta.
Su nombre es sinónimo de sofisticación y fantasía. No es casualidad que figuras como la Princesa Diana, Madonna, Bianca Jagger o Tina Chow hayan convertido sus zapatos en aliados inseparables sobre la alfombra roja. Cada par lleva la impronta de un creador que, en sus propias palabras, “nunca puede quedarse quieto” y que ha hecho de la perfección artesanal su mayor obsesión.
Blahnik no siempre soñó con diseñar zapatos. Nacido en Canarias de madre española y padre checo, estudió literatura en la Universidad de Ginebra antes de probar suerte como escenógrafo. Sin embargo, fue su talento para el diseño de calzado lo que cautivó a referentes como Diana Vreeland y Cecil Beaton, quienes le animaron a seguir ese camino. En 1973, abrió su primera boutique en King’s Road, Londres, que se convirtió en un lugar de peregrinación para las grandes estrellas.
Más de tres décadas después, el espíritu de Blahnik se mantiene intacto: dos colecciones anuales que incluyen entre 60 y 70 modelos de zapatos para mujer y hombre, colaboraciones con diseñadores como Bill Blass e Isaac Mizrahi, y una constante reinvención creativa en la que combina técnicas artesanales como el tallado a mano de hormas con procesos modernos de producción en Italia.
Reconocido en múltiples ocasiones por el British Fashion Council y ganador en dos oportunidades del CFDA Award, Blahnik se ha convertido en una leyenda viva de la moda. Aun así, mantiene un perfil discreto: guarda sus premios en cajas, asegurando que diseña no por reconocimiento, sino por pura necesidad creativa.
Hoy, cuando sus creaciones siguen siendo la elección de celebridades internacionales en eventos como los Premios Emmy 2025 en Los Ángeles, Blahnik demuestra que la pasión y la búsqueda de la belleza no entienden de edad ni de fronteras. Su obra no es retro ni pasajera: es un lenguaje atemporal que sigue inspirando a generaciones enteras de diseñadores y artistas en todo el mundo.