A sus 20 años, Lucía de Luis ya ha conseguido algo que muchas generaciones anteriores solo imaginaban: construir una comunidad fiel que sigue cada uno de sus pasos, inspirada por su sensibilidad visual, sus propuestas frescas y ese estilo que mezcla sin pedir permiso. En una industria donde lo uniforme abunda, ella apuesta por lo intuitivo, por el contraste y por una narrativa personal que no busca likes fáciles, sino una estética con sentido.
“Yo creo que algo que me define es no tener miedo a mezclar y probar”, afirma. “Me encanta combinar prendas sport con todo lo contrario: poner unas bailarinas con un chándal o unas zapatillas a un look muy chic. Las combinaciones que no sabes cómo van a quedar, pero que al final funcionan y encantan, son mis favoritas”.
Su último paso ha sido profesionalizar aún más esa visión. Acaba de finalizar un diploma en Estilismo y Producción de Moda, una decisión que, lejos de ser estratégica, nació de una pasión real. “Me apasiona formarme en lo que me gusta; soy una chica con muchas inquietudes y siento que aún me queda mucho por aprender”, confiesa. “Al dedicarme a crear contenido de moda en redes sociales, creo que todo lo que pueda aprender en este ámbito puede enriquecer mi contenido”.
Y lo cierto es que ese enfoque formativo ya empieza a notarse en sus publicaciones. “Gracias a lo que he aprendido en el diploma, intento darle una vuelta a cada campaña, buscar la inspiración y el spot perfecto, y darle un sentido al contenido para que enriquezca mi perfil”. Su manera de trabajar fusiona intuición con dirección creativa, sin perder nunca de vista la coherencia estética.
Colaborar con marcas no es algo nuevo para Lucía, pero ha aprendido a decir que no. “Considero que soy muy honesta con las marcas con las que trabajo”, asegura. “Solo acepto campañas de marcas que consumo, que me encantan o que creo que también van a aportar valor a mis seguidores”.
¿Y si pudiera liderar su propio proyecto? La respuesta está clara. “Desde pequeña, mi sueño ha sido tener mi propia marca de ropa”, revela con una sonrisa. “Tener la oportunidad de lanzar una colección cápsula con una marca que me guste sería un sueño para mí”.
Aunque no sigue a un único referente, Lucía se deja nutrir por el entorno digital: “Gracias a las redes sociales descubro a gente muy talentosa que me inspira y me motiva a seguir haciendo cosas nuevas”. En su día a día, sin embargo, el equilibrio no es tarea fácil. “Este año ha sido un caos de muchísimos viajes y trabajo, lo que me hace muy feliz, pero dificulta mucho tener una rutina”, admite. “Me lo permito este año porque tengo 20 años, pero de cara a enero quiero empezar a cuidarme un poco más”.
El futuro no le da vértigo, sino impulso. “Empezar a cuidarme y seguir formándome, aprendiendo y mejorando en lo que me apasiona”, resume como meta para el próximo año.
Y si algo ha demostrado Lucía hasta ahora es que no necesita seguir fórmulas ajenas. Su éxito está en lo inesperado, en atreverse a combinar bailarinas con chándal… y que funcione.