Amaia Montero vuelve a mirar de frente a una etapa de su vida que durante mucho tiempo estuvo marcada por el dolor, el aislamiento y la sensación de haber perdido por completo el rumbo. Hoy vuelve a cantar ante miles de personas y celebra una nueva etapa profesional junto a La Oreja de Van Gogh, pero llegar hasta aquí implicó atravesar años en los que ni siquiera estaba segura de volver a sentirse como antes.
La cantante se ha sincerado en una conversación con Jomari Goyso para Despierta América, donde ha hablado sobre algunos de los momentos más difíciles de aquel proceso. Más allá de su carrera o de su identidad como artista, Montero recuerda que lo que realmente temía perder era algo mucho más esencial: la sensación de reconocerse a sí misma.
Durante aquella etapa, pasaba buena parte del día en la cama y llegó a plantearle a su madre una pregunta que resume perfectamente su estado emocional: “¿Tú crees que volveré a ser la persona que era antes?”. No se refería a recuperar conciertos, discos o popularidad. Hablaba simplemente de volver a sentirse ella.
Su familia se convirtió entonces en una presencia fundamental. Su madre nunca dejó de confiar en que lograría salir adelante, incluso cuando Amaia era incapaz de imaginar ese futuro. También llegó a preguntarle si algún día volvería a cantar, una posibilidad que en aquel momento parecía completamente lejana.
Ahora, al recordar esas conversaciones, admite que todavía se emociona. Describe aquella etapa como una sucesión de pequeños avances seguidos por nuevas caídas. “Cuando estaba en el infierno, queriendo salir, me subía muy poquito y bajaba de nuevo y me caía”, explicó.
Uno de los recuerdos más intensos está relacionado con su padre, José Montero, fallecido en 2009 después de una larga enfermedad. La artista siempre ha hablado de la enorme conexión que mantenía con él y del impacto que tuvo su pérdida. Durante aquella etapa especialmente frágil, pensar en su padre adquirió un significado muy doloroso.
Cuando le preguntaron si lo había tenido muy presente en esos años, respondió con una frase especialmente dura: “Me quería ir con él”.
Contada hoy desde la distancia, esa confesión adquiere otro significado. No funciona únicamente como recuerdo del sufrimiento vivido, sino también como contraste con la mujer que ha conseguido reconstruir su vida. Montero insiste en que el proceso requirió ayuda, tiempo y una enorme voluntad personal.
“Te juro que peleé, peleé con mucha ayuda, pero peleé mucho”, aseguró.
Uno de los grandes puntos de inflexión llegó en julio de 2024, cuando Karol G invitó a Amaia Montero a cantar en el Santiago Bernabéu. La artista reconoce que en ese momento ya se encontraba considerablemente mejor, aunque aceptar aquella propuesta significaba enfrentarse a uno de sus mayores temores: comprobar si estaba realmente preparada para volver a un gran escenario.
Podía rechazar la invitación o utilizarla como una prueba. Eligió lo segundo. “Dije sí, sin pensar. Dije: voy a probarme”, recuerda.
Minutos antes de aparecer ante alrededor de 80.000 personas, permanecía esperando con el micrófono mientras escuchaba cómo Karol G la presentaba. Cuando comenzó a subir las escaleras y oyó al público cantar, comprendió que algo importante estaba cambiando.
La experiencia también dejó una profunda impresión sobre la artista colombiana, a quien define como “maravillosa”, “sencilla”, “amorosa”, “humilde” y una “gran compañera”. Sentirse acompañada durante aquella noche hizo que el regreso resultara todavía más significativo.
Ese momento terminó anticipando lo que vendría después. En octubre de 2025 se confirmó oficialmente el regreso de Amaia Montero a La Oreja de Van Gogh, casi veinte años después de su salida. Meses más tarde volvió definitivamente a los escenarios con la gira Tantas cosas que contar.
Durante el primer concierto en Bilbao reconoció públicamente que hubo momentos en los que creyó que jamás volvería a pisar un escenario. Resumió aquella etapa con una expresión contundente: “Bajé al mismísimo infierno”.
La experiencia también ha modificado profundamente su relación con las críticas. Amaia admite que durante años sufrió por los comentarios recibidos en internet y por un nivel de hostilidad que no conseguía comprender. Hoy, después de haber cumplido 50 años y atravesado un proceso que transformó sus prioridades, asegura que aquellas opiniones ya no ocupan el mismo espacio en su vida.
“Después de pasar lo que he pasado me importa un reverendo bledo lo que dicen estas personas”, afirma.
La cantante encuentra incluso una consecuencia positiva dentro de todo ese recorrido: haber desarrollado una fortaleza que antes desconocía. “Si algo puedo sacar en positivo de bajar al infierno es que te hace prácticamente indestructible”, reflexiona.
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