El estreno del documental centrado en Melania Trump continúa rodeado de controversia. A pocos días de su llegada a salas internacionales, Sudáfrica ha decidido cancelar su estreno en cines, alegando “acontecimientos recientes” sin detallar públicamente cuáles han sido los motivos concretos detrás de la decisión.
La información fue confirmada por Thobashan Govindarajulu, responsable de ventas y marketing de Filmfinity, distribuidora encargada del lanzamiento en el territorio. “Basándonos en los acontecimientos recientes, hemos tomado la decisión de no seguir adelante con un estreno teatral en este territorio”, explicó, subrayando que se trata de una decisión interna y que no ha habido presiones externas para retirar la película de la cartelera.
La falta de explicaciones ha avivado aún más la polémica en torno a un proyecto que ya llegaba envuelto en debate. El documental, que pretende ofrecer un retrato personal y público de la ex primera dama de Estados Unidos, se estrena en un contexto político especialmente sensible, con la figura de Donald Trump de nuevo en el centro de la conversación internacional.
A esta situación se suma la elección de su director, Brett Ratner, una figura ampliamente cuestionada en la industria audiovisual tras haber sido acusado en el pasado de agresión sexual y conductas inapropiadas por varias actrices. Aunque el cineasta no ha sido condenado judicialmente, su regreso al circuito cinematográfico con este proyecto ha generado incomodidad y rechazo en distintos sectores culturales.
Desde Filmfinity han insistido en que la cancelación no responde a presiones políticas ni a campañas externas, pero el silencio sobre los “acontecimientos recientes” ha abierto la puerta a múltiples interpretaciones. En un momento en el que festivales, salas y plataformas revisan cada vez con mayor atención el contexto ético de las producciones que programan, la decisión de Sudáfrica se percibe como algo más que un simple ajuste de calendario.
La pregunta ahora se traslada a otros territorios. El documental mantiene por el momento su estreno previsto en varios países europeos, incluida España, donde todavía no se ha anunciado ningún cambio en la programación. Sin embargo, el precedente sudafricano plantea un debate incómodo pero necesario:
¿deberían las salas españolas revisar también la exhibición de una obra ligada a figuras políticas polarizantes y a un director con un historial controvertido?
No se trata únicamente de censura o libertad de expresión, sino de cómo la industria cultural decide posicionarse frente a los contextos sociales, políticos y éticos que rodean a determinadas producciones. Sudáfrica ya ha tomado una postura clara. Ahora, la conversación está abierta y la decisión, quizá, aún por escribirse.