Hay historias que durante años se cuentan a medias. Y luego están las que, con el tiempo, encuentran el momento exacto para decirse completas. Eso es lo que ha ocurrido con Blas Cantó, que en su paso por el programa ‘Ex. La vida después’ junto a Ana Milán ha abordado sin rodeos uno de los temas más comentados —y menos explicados— de su etapa en Auryn: la gestión de la sexualidad dentro del grupo.
El contexto no es menor. Auryn fue una de las boybands más relevantes del pop español reciente, con una imagen muy definida de cara al público. Sin embargo, detrás de esa narrativa había matices que no siempre se podían mostrar. Cuatro de sus cinco integrantes eran homosexuales, pero esa realidad no se exponía abiertamente.
Lejos de señalar a la industria como único foco de presión, Cantó apunta hacia un lugar más incómodo: el entorno cercano. “Baja la pluma”, recuerda que escuchó en más de una ocasión. No era una orden de la discográfica, sino comentarios que venían de compañeros. Y precisamente por eso, admite, dolían más.
-
Entre la protección y el silencio
Durante la conversación, el cantante matiza que no se trataba de un ambiente abiertamente hostil, pero sí de dinámicas que reflejaban una época concreta. Cuando se le plantea si existía homofobia dentro del grupo, su respuesta es directa pero medida: “No. Era el ataque fácil por responder sobre otros temas”. La frase resume una lógica muy presente en muchos espacios: utilizar la orientación sexual como recurso rápido en discusiones o tensiones internas. No necesariamente desde el rechazo, sino desde la falta de conciencia sobre el impacto real de esas palabras.
Cantó también introduce un elemento clave: la edad. Explica que muchas de esas actitudes estaban atravesadas por la inmadurez y por un contexto en el que ciertos temas aún no se abordaban con la naturalidad actual. “Creo que todo tiene que ver con la edad y también con saber pedir perdón”, añade, sin cargar el relato de reproche, pero tampoco suavizándolo.
-
Las contradicciones públicas
Uno de los momentos más incómodos de la entrevista llega cuando se aborda cómo respondía públicamente a preguntas sobre su vida personal. Durante años, en entrevistas llegó a hablar de una supuesta “mujer ideal”, algo que hoy reconoce como una desconexión con su propia identidad. “Eso fue algo por lo que me culpé, pero ya me he disculpado. Lo contextualizo en ese momento”, explica. Más que justificarlo, lo sitúa dentro de una etapa en la que la presión mediática y la narrativa del grupo condicionaban el discurso.
Este tipo de contradicciones no eran excepcionales en la industria pop de la época, donde la construcción de una imagen accesible y “neutral” para el público general solía imponerse sobre la autenticidad personal.
El miedo que permanece
Más allá del pasado, Cantó también habla del presente. Y ahí aparece uno de los puntos más duros de su testimonio. Reconoce que, a día de hoy, no se siente cómodo mostrando afecto con su pareja en público. No por falta de naturalidad, sino por una educación basada en la autoprotección. “Te puedes encontrar muerto en cualquier sitio”, afirma, en una frase que rompe con cualquier intento de lectura superficial. No se trata de una exageración, sino de una percepción construida a partir de experiencias y del contexto social que sigue existiendo.
También cuestiona el concepto de “salir del armario”, al que asocia una carga que no le resulta justa. Para él, implica asumir una responsabilidad que no debería recaer en la persona, sino en el entorno que exige esa explicación.
-
Reescribir el relato
Las palabras de Blas Cantó no funcionan como un ajuste de cuentas, sino como una revisión necesaria. No hay nombres señalados ni intención de generar conflicto retroactivo. Lo que hay es una mirada más consciente sobre cómo se vivieron ciertas cosas y qué impacto tuvieron. En ese sentido, su testimonio se aleja del titular fácil y se acerca a algo más complejo: entender que incluso dentro de espacios aparentemente seguros pueden existir dinámicas que condicionan la identidad. Y que hablar de ello, años después, también forma parte del proceso. Auryn fue un fenómeno musical. Pero, como muchas otras historias dentro de la industria, también fue un reflejo de su tiempo. Y ahora, con distancia, empieza a leerse de otra manera.