Desde los pasillos sombríos de ‘Crime’ hasta los espacios ambiguos de ‘Exterritorial’, Dougray Scott no interpreta: encarna. Es de esos actores que, sin ruido ni estridencias, ha construido una carrera que atraviesa décadas, géneros y continentes. Pero todo empezó con un libro. “Tendría trece o catorce años”, recuerda, “y por entonces ya leía mucho en la biblioteca local. Me impactaron obras de Tennessee Williams y Arthur Miller, especialmente ‘Death of a Salesman’, porque conecté con el personaje de una forma visceral. Entendí que el arte podía reflejar la vida y viceversa”. Fue en una obra escolar, ‘Suddenly Last Summer’, donde supo que quería actuar toda su vida: “Me permitió transportarme a otro mundo. Eso era muy atractivo para mí en ese momento”.
Su formación inicial fue en teatro, pero pronto comenzó a interesarse por el lenguaje técnico del cine. Recuerda con precisión su paso por ‘Taggart’, junto a Mark McManus. “No sabía nada de lentes ni de cruzar líneas. Preguntaba todo. Quería entender cómo se construía una escena”, confiesa. Esa curiosidad fue una constante. Años después, trabajando con John Malkovich en ‘Ripley’s Game’, encontró una de sus grandes inspiraciones: “Era sorprendente, nunca se repetía. Me pareció sensacional, y pensé: ‘Eso es a lo que aspiro’”.
Entre los títulos que marcaron su trayectoria figura su breve pero icónico paso por ‘Mujeres Desesperadas’, donde muchos espectadores soñaron con que Susan terminase con él. “Fue divertido hacer algo más ligero. Nunca había hecho nada así. Teri Hatcher fue encantadora, lo pasamos bien. Era una oportunidad distinta y muy popular, así que lo disfruté mucho”, afirma.
De ‘Mission: Impossible II’ a ‘My Week with Marilyn’, Scott ha navegado entre superproducciones y proyectos intimistas sin alterar su brújula interna: “La aproximación siempre es la misma. Quiero crear personajes auténticos, reales. En el caso de Arthur Miller, por ejemplo, estudié su voz, su forma de andar. Es un proceso de inmersión”. Y añade: “En los blockbusters hay más tiempo, pero el reto siempre es el mismo: ser valiente y no bloquearte”.
Si hay algo que define su filmografía reciente es la atracción por personajes turbios, emocionales, heridos. “Reservo el trauma para el trabajo”, explica. “Historias como ‘Crime’ te atrapan por completo. No puedes salir de ahí fácilmente. Pero es muy gratificante”. También menciona la serie ‘A Town Called Malice’, donde interpreta a un excantante de orquesta con pasado criminal en la Costa del Sol: “Es muy diferente a mí, y eso es divertido”.
“No estoy en redes sociales. No me gusta. Me parece que contribuyen a una versión irreal de la vida, una especie de comida rápida emocional”
Dougray Scott
Entre sus papeles recientes, ‘Exterritorial’ ha sido uno de los mayores éxitos globales de su carrera, alcanzando el número uno en 88 países. El reto fue doble: interpretar a un soldado americano… en alemán. “Estudié alemán cuatro horas al día durante meses. El idioma y el diálogo eran complejos, pero me gustan los desafíos. Y este lo fue”.
¿Y cómo aborda personajes con tintes oscuros o moralmente cuestionables? “No creo en los villanos ni en los héroes puros. Todos somos ambiguos. Cuando interpreto a alguien que se percibe como malo, busco lo bueno. Y viceversa. Eso es lo que hace a un personaje real”.
Esa visión también lo llevó a aceptar el papel de David en ‘Summerwater’, una adaptación de la novela de Sarah Moss. “David es muy distinto a mí, pero a la vez había algo familiar. Es excéntrico, complejo, y eso me intrigaba”. Además, compartió pantalla con Shirley Henderson, a quien admiraba desde los 19 años: “Trabajar con ella fue un regalo. Es una actriz extraordinaria”.
Más allá de los personajes, Dougray tiene una postura clara frente al mundo digital. “No estoy en redes sociales. No me gusta. Me parece que contribuyen a una versión irreal de la vida, una especie de comida rápida emocional”, afirma. Para él, la intimidad y el tiempo fuera del foco también son formas de resistencia: “Me gusta leer, me gusta pensar. No necesito compartirlo todo”. Y aunque reconoce que son parte del negocio, se permite mantenerse al margen: “Mi trabajo es contar historias. Las redes no son el medio donde quiero hacerlo”.
A sus 58 años, Dougray no se apega a las modas ni a los focos. Su visión de la industria es nítida: “Lo importante es el proyecto, el contenido. No mi vida privada ni con quién estoy saliendo. Me interesa crear, no alimentar el ruido”. Por eso también evita las redes sociales: “No me siento cómodo. Es una versión de la vida como comida rápida. Prefiero leer un libro”.
Este próximo año estrena ‘The Invisible’ y ‘Her Private Hell’, dos proyectos distintos que, como todo lo que elige, le permiten seguir explorando otras capas de su oficio. También produce, con la misma pasión que tenía de joven: “A veces me diría a mí mismo: ‘Todo va a estar bien’. No porque estuviera preocupado, sino porque ahora entiendo que solo puedes controlar el presente”.
Para él, la moda no es un performance. Es comodidad y gusto personal. “Me gustan Armani y Paul Smith, porque son elegantes sin ser pretenciosos. Pero también amo mis botas viejas. Todo tiene su lugar”.
A lo largo de la conversación, queda claro que Dougray Scott no necesita titulares para dejar huella. Su legado se construye en cada escena que encarna, con honestidad, entrega y una mirada que lo atraviesa todo.