En 2022, Dua Lipa rompió con su agencia de representación en medio de una disputa sobre ingresos. A pesar de haber generado más de 22 millones de libras ese año gracias a giras y acuerdos con marcas, la cantante quería más control sobre su carrera. En lugar de esperar un cambio, tomó una decisión que pocos artistas se atreven a tomar: despidió a su agencia.

Desde entonces, Dua ha estado construyendo un imperio a su medida. Fundó su propia empresa, Radical22, junto a su padre, lo que le permitió renegociar las reglas del juego. Firmó un acuerdo global con Warner Chappell que le otorgó la propiedad total de sus masters y derechos editoriales, asegurando que su música le pertenezca completamente.

Pero Dua no se conformó con el control musical. Se involucró en la creación real de moda, co-diseñando una colección con Donatella Versace que se presentó en Cannes, donde participó directamente en moodboards, muestras y bocetos. También lanzó Service95, una plataforma cultural curada por ella misma, demostrando que no depende de ghostwriters para compartir su visión y recomendaciones.

Además, ha firmado acuerdos con marcas como Porsche y YSL Beauty, no por dinero fácil, sino porque reflejan su estilo y valores. Mientras muchas estrellas pop buscan viralidad, Dua Lipa está construyendo un legado: está invirtiendo en patrimonio y control real.

En un mundo donde la industria musical rara vez da espacio para que los artistas se conviertan en magnates, Dua no esperó a que le ofrecieran un lugar. Simplemente, decidió construir su propio imperio.