La visita de Rossy de Palma en ‘Al cielo con ella’, el programa de La 1 presentado por Henar Álvarez, no dejó solo una de esas frases brillantes que circulan en redes: dejó también una lectura política muy clara en un momento internacional especialmente cargado. La actriz lanzó una reflexión contra los nacionalismos y las divisiones identitarias que, escuchada hoy, conecta de lleno con el endurecimiento del discurso fronterizo y migratorio en distintos países, especialmente en Estados Unidos 

“Este planeta lo habitamos todos, por eso yo siempre digo que los nacionalismos no me gustan… porque solo creo en las fronteras gastronómicas, que esas sí me gustan”, afirmó Rossy, antes de rematar con otra idea igual de contundente: “¿Por qué nos tenemos que pelear por dónde acaba una cosa y dónde acaba la otra?”. Sus palabras no fueron una boutade aislada, sino parte de una conversación en la que también criticó la persistencia de pensamientos racistas y retrógrados, incluso entre gente joven. 

Ese mensaje adquiere otra dimensión en el contexto actual. En Estados Unidos, ICE vuelve a estar en el centro del debate por el aumento de deportaciones, por investigaciones sobre actuaciones de agentes y por nuevas controversias en torno a las condiciones de detención y al alcance del control migratorio. En los últimos días, además, han coincidido protestas, disputas judiciales y choques políticos sobre cómo se está ejecutando esa política de fronteras.


Por eso, la intervención de Rossy de Palma puede leerse también como una defensa del mestizaje, de la convivencia y de una idea del mundo menos obsesionada con levantar muros. En vez de hablar desde la teoría, la actriz lo hizo con su lenguaje habitual: directo, irónico y profundamente humano. Y ahí está quizá la fuerza real de su frase. No solo cuestiona los nacionalismos como idea abstracta, sino que los enfrenta desde algo tan cotidiano y compartido como la cultura, la mezcla y la celebración de lo diverso. Esta es una interpretación editorial basada en el contenido de la entrevista y en el contexto político actual. 

En un presente marcado por el miedo al otro, por el regreso de discursos excluyentes y por la instrumentalización política de las fronteras, Rossy de Palma dejó una frase ligera solo en apariencia. En realidad, fue una enmienda elegante pero frontal a una época cada vez más endurecida.