Las citas públicas de Meghan Markle y el príncipe Harry se han convertido en pequeñas declaraciones de estilo. Este fin de semana, la pareja asistió al NBA All-Star Game en el Intuit Dome de Inglewood, California, transformando el evento deportivo en una velada de alto perfil social.
Sentados junto a Queen Latifah y Eboni Nichols, y compartiendo espacio con figuras como Michelle y Barack Obama, el matrimonio volvió a demostrar que domina el equilibrio entre discreción y visibilidad. Su estrategia fue clara: coordinación cromática en clave navy.
Meghan apostó por un jersey de cashmere azul medianoche de Brochu Walker, botas negras de Stuart Weitzman y jeans skinny-flare de Veronica Beard, piezas habituales en su armario de Montecito. Completó el conjunto con joyería dorada minimalista y ondas suaves, reforzando su narrativa de lujo relajado. Harry, por su parte, combinó camisa azul marino, jeans negros ajustados y zapatillas de ante verde botella, junto a una gorra gris con pin de la Union Jack.
No es la primera vez que convierten un gran evento deportivo en cita romántica: ya lo hicieron en la World Series 2025, con gorras a juego de los LA Dodgers. La presencia constante en actos culturales y deportivos consolida su posicionamiento híbrido entre realeza y cultura pop.
Más que una simple aparición courtside, la escena confirma que el estilo coordinado sigue siendo una herramienta poderosa de imagen pública.