- La cantante afronta su regreso más esperado junto a La Oreja de Van Gogh mientras habla con honestidad sobre la presión mediática, el impacto emocional de las críticas y una segunda oportunidad marcada por la emoción
Hay regresos que funcionan únicamente desde la nostalgia y otros que terminan convirtiéndose en algo mucho más profundo. El de Amaia Montero junto a La Oreja de Van Gogh parece pertenecer claramente al segundo grupo. A pocas horas de reencontrarse con el público madrileño en tres conciertos completamente agotados en el Movistar Arena, la cantante ha decidido abrirse como pocas veces sobre el precio emocional de volver al foco mediático y la dureza del escrutinio público que ha acompañado este esperado reencuentro.
Después de años alejada del centro de la conversación musical, la artista donostiarra vuelve a ocupar titulares, escenarios y debates públicos en una gira histórica que celebra los 30 años de trayectoria del grupo. Pero la ilusión del regreso también ha venido acompañada de una presión enorme. Su voz, su aspecto físico, sus gestos sobre el escenario e incluso sus estilismos han sido sometidos a una observación constante en redes sociales, tertulias televisivas y plataformas digitales.
Y Amaia, lejos de esquivar el tema, ha decidido hablar desde la honestidad.
“Las críticas no me han hecho bien”, reconoció recientemente, dejando claro que, aunque intenta mantenerse al margen, el ruido mediático no resulta completamente inocuo para nadie. La cantante explicó además que el juicio permanente sobre su figura ha sido difícil de gestionar, especialmente tras atravesar años profundamente complejos a nivel personal.
Aun así, la intérprete de clásicos como ‘Rosas’, ‘Cuídate’, ‘La Playa’ o ‘20 de enero’ parece haber encontrado una nueva forma de habitar la exposición pública. Con serenidad, pero también con una convicción mucho más sólida sobre quién es y todo lo construido durante su carrera.
“Sé quién soy, sé lo que he hecho a lo largo de mi vida”, afirmó, dejando claro que intenta no perder energía en el ruido externo. Para Amaia, existe algo mucho más importante que responder a cada comentario negativo: volver a disfrutar de la música y del vínculo emocional con un público que nunca dejó realmente de esperarla.
El punto de inflexión de esta nueva etapa llegó el pasado 9 de mayo, cuando La Oreja de Van Gogh reapareció ante más de 30.000 personas en el Bilbao Exhibition Centre. Aquel concierto no fue solo el inicio de la gira ‘Tantas cosas que contar’, sino también uno de los momentos musicales más comentados de los últimos años en España. La emoción colectiva transformó canciones que parecían suspendidas en el tiempo en una experiencia profundamente generacional.
El público coreó cada palabra como si no hubieran pasado los años y Amaia, visiblemente emocionada, dejó entrever algo que parecía mucho más grande que un simple regreso artístico.
Pocos días después, la propia cantante compartió un mensaje especialmente íntimo en redes sociales donde resumía la intensidad emocional de este momento.
“Hemos vuelto, hemos vuelto de verdad”, escribió junto a imágenes del concierto, dejando una frase que rápidamente se convirtió en símbolo de esta nueva etapa. Pero quizá la reflexión más poderosa fue otra: “Si algo puedo sacar en positivo de bajar al infierno es que te hace prácticamente indestructible”.
La declaración fue interpretada por muchos seguidores como una referencia directa a los procesos personales, emocionales y de salud mental sobre los que Amaia ha hablado públicamente en distintas ocasiones. Lejos de romantizar el dolor, la cantante parece reivindicar ahora una idea distinta: la posibilidad de reconstruirse.
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