Hay campañas que se miran, y otras que se sienten. La nueva propuesta de Casablanca para Beach Club 2026 pertenece claramente a la segunda categoría. Concebida como un sueño cinematográfico, la campaña se aleja del formato tradicional de fashion imagery para construir una narrativa visual que parece extraída de una película independiente, cálida, nostálgica y profundamente evocadora.
El escenario elegido es un motel que actúa como eje narrativo. Su estética áspera y cotidiana contrasta con una iluminación suave y una paleta de colores cálidos, generando una tensión visual que refuerza el carácter cinematográfico del proyecto. Un parking, un diner de los años 50 y una piscina vacía transformada en skate bowl componen el decorado donde los modelos no posan, sino que habitan el espacio, interpretando personajes que parecen existir más allá de la imagen.
En este contexto, Casablanca logra un equilibrio preciso entre alta moda y la esencia bohemia de las culturas surf y skate. La colección no se impone sobre el relato: lo acompaña. La ropa se integra de forma orgánica en la escena, hasta el punto de que por momentos resulta fácil olvidar que se trata de una campaña de moda.
La mirada se construye a través de dos sensibilidades complementarias. Por un lado, Corentin Leroux aporta una estética más pulida y compositiva, con escenas cuidadosamente orquestadas frente a las habitaciones del motel. Por otro, Myles Hendrik introduce una energía más espontánea mediante un enfoque point-and-shoot, capturando gestos reales, miradas cómplices y momentos de juego que aportan autenticidad y frescura. La combinación de ambos estilos refuerza la sensación de estar observando fragmentos de una historia en movimiento.
En cuanto a la colección, Beach Club 2026 despliega los códigos más reconocibles de la firma reinterpretados desde una óptica hawaiana. Gráficos inspirados en Hawái, verdes intensos, vestidos de punto, piezas de croché, conjuntos de seda y separables de jersey conviven con motivos de olas y efectos tie-dye que evocan el imaginario del océano. Las prendas icónicas de la línea, como las piezas de toalla de rizo y las ringer tees, anclan la propuesta en una lectura contemporánea de la cultura surf vintage.
El monograma de Casablanca aparece invertido, creando un contraste visual donde los colores vibrantes destacan sobre fondos negro profundo, reforzando el impacto gráfico de la colección. El baño también ocupa un lugar central, integrándose de forma natural en el relato estético y completando un armario pensado para el sol, el movimiento y la libertad.
Con Beach Club 2026, Casablanca no solo presenta una colección, sino que construye un universo. Una campaña que demuestra cómo la moda puede narrar historias, capturar atmósferas y convertirse en cine sin necesidad de palabras. Un ejercicio de estilo que confirma a la marca como una de las voces más sensibles y coherentes del luxury lifestyle contemporáneo.