El universo de BLACKPINK vuelve a expandirse más allá de la música con una colaboración inesperada que fusiona K-pop, cultura pop japonesa y estética kawaii desde una mirada afilada y contemporánea. El grupo ha anunciado una colección limitada junto a Sanrio, protagonizada por My Melody, creada especialmente para celebrar la etapa japonesa de su ‘DEADLINE World Tour’.
Lejos de una lectura inocente del imaginario kawaii, la colaboración reinterpreta a My Melody a través del ADN visual de BLACKPINK. El personaje aparece transformado en una versión más oscura y poderosa, vestida en la paleta icónica negro y rosa, con capuchas negras, maquillaje rosado y una actitud claramente bad girl que conecta directamente con la energía escénica del grupo. El resultado es un equilibrio calculado entre dulzura y rebeldía, dos códigos que definen el momento cultural del cuarteto.
La colección está compuesta por 23 piezas que abarcan desde prendas de abrigo hasta accesorios y objetos de coleccionismo. Entre los artículos más destacados se encuentran una chaqueta puff cropped reversible, sudaderas con cremallera, mochilas, peluches tipo mascot y complementos pensados tanto para llevar en concierto como para integrar en el armario diario. La propuesta permite construir looks completos de BLACKPINK o introducir pequeños guiños en estilismos cotidianos, reforzando la idea de fandom como identidad permanente.
Este lanzamiento no solo apunta al merchandising tradicional, sino que se sitúa en un terreno más aspiracional, donde la moda de gira, el diseño de personajes y la cultura fan se cruzan con intención estética. La colaboración con Sanrio consolida además la influencia de BLACKPINK en Japón, un mercado clave donde el grupo mantiene una conexión especialmente sólida con su audiencia.
La colección ya está disponible desde hoy a las 12:00 a través de BLACKPINK Weverse Shop y la YGEX Official Store. En Japón, los productos también podrán adquirirse en pop-ups oficiales de ‘DEADLINE’, en tiendas seleccionadas de BEAMS y directamente en el Tokyo Dome durante los conciertos del 16 al 18 de enero.
Con este movimiento, BLACKPINK demuestra una vez más su capacidad para absorber y reinterpretar códigos culturales globales, transformando lo cute en actitud, el merchandising en deseo y la gira en un fenómeno que va mucho más allá del escenario.