El anuncio de Bad Bunny como artista del espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2026 llega con entusiasmo, pero también con matices que no se pueden ignorar. La elección del puertorriqueño de 31 años —confirmada el 28 de septiembre durante el partido entre los Dallas Cowboys y los Green Bay Packers— no fue la primera opción de la NFL ni de Roc Nation, la productora encargada del show desde 2019.

Fuentes cercanas a la organización han confirmado que Taylor Swift y Adele fueron las primeras figuras convocadas, pero ambas rechazaron la propuesta al no recibir una compensación económica. La razón: no necesitan exposición. En un momento en el que el Super Bowl ya no representa el mismo trampolín de visibilidad que años anteriores, artistas consolidadas están priorizando el valor de su trabajo por encima del impacto mediático.

El espectáculo, que alguna vez fue sinónimo de historia televisiva —con actuaciones icónicas de Lady Gaga, Katy Perry o Coldplay— comenzó a mostrar signos de desgaste desde la criticada presentación de Jennifer Lopez y Shakira en 2020, que muchos consideraron deslucida y carente del impacto visual de sus antecesores.

En ese contexto, la elección de Bad Bunny resulta estratégica. Su conexión con las audiencias jóvenes, su carisma y su representación de la cultura latina lo convierten en un perfil atractivo para reinyectar vitalidad al evento. En sus redes sociales, el artista expresó: “Esto va más allá de mí. Es por quienes vinieron antes y corrieron incontables yardas para que yo pudiera anotar un touchdown… esto es por mi gente, mi cultura y nuestra historia”.

Jay-Z, encargado de supervisar el espectáculo como productor ejecutivo, también se refirió a su elección: “Lo que Benito ha hecho por Puerto Rico es verdaderamente inspirador. Es un honor tenerlo en el escenario más importante del mundo”.


Sin embargo, la elección no está exenta de polémica. Aunque Bad Bunny tiene una carrera sólida y un seguimiento masivo, su capacidad vocal en vivo ha sido frecuentemente cuestionada. Su desempeño en escenarios internacionales ha dejado dudas sobre su dominio del directo, algo fundamental para un show de esta magnitud. Y aunque carisma no le falta, los zapatos que dejan sus antecesores son, sin duda, difíciles de llenar. El Super Bowl exige excelencia escénica y vocal: está por verse si Benito estará a la altura o si será otro capítulo olvidable en la nueva era de un evento que ya no brilla como antes.