Angelina Jolie ha vuelto. Y lo ha hecho en sus propios términos: sin excesos, sin dramatismos, pero con la clase que solo ella puede aportar. Catorce años después de su última aparición en el Festival de Cannes, la actriz, activista y fundadora de Atelier Jolie eligió un vestido de la firma italiana Brunello Cucinelli, emblema del quiet luxury, para pisar La Croisette con sobriedad glamurosa.
Alejada de los estilismos provocativos de sus años dorados en alfombras rojas, Jolie se decantó por un diseño estructurado en tono marfil con hilos brillantes y falda en línea A. La pieza —modificada por su estilista Ilya Vanzato— evocaba la calidez de los conjuntos de cachemira que suele lucir en Nueva York. El look se completó con manicura borgoña, maquillaje de Tom Ford Beauty, un colgante de Chopard y sandalias de Ingiliz.
La transformación es clara. De aquel vestido chocolate con abertura vertiginosa en 2011, a la serenidad de este nuevo capítulo, Jolie ha pasado del exceso a la sofisticación esencial. Su paso por la premiere de Eddington no solo marcó su regreso al cine de autor, sino también al estilo que mejor representa su presente: madurez, autenticidad y un lujo que habla en voz baja.
Bienvenida de nuevo, Angelina!