¿Sabías que el tan guapo como perturbador actor Anthony Starr, famoso por su papel de El Patriota en la serie The Boys, salió de jovencito en un episodio de Xena, la princesa guerrera? Con una extraña melenita larga, pero sus inconfundibles ojos azules y su hoyuelo en la barbilla, es perfectamente reconocible en un papel que ya nadie recuerda.
Así es como solían empezar las estrellas de Hollywood, y en general en todos los países con mayor o menor industria cinematográfica. Pero ahora las cosas están cambiando.
El nuevo «pipeline» de la fama: de las redes sociales a Hollywood
Pongamos el ejemplo de Brad Pitt. Este hombre se pagó sus clases de actuación con trabajos precarios, como conductor de limusinas para strippers, o disfrazado de pollo como mascota para la cadena de restaurantes El Pollo Loco. Sus primeros papeles eran puro dinerillo, ni siquiera aparecía en los créditos, y sus primeros papeles sí acreditados fueron como secundario en series de televisión (salió en algunos episodios de Dallas) o en películas de bajo presupuesto o escaso eco. Todo cambió en 1991, cuando su papel en la exitosa película Thelma & Louise le consagró como sex-symbol y estrella emergente hasta convertirlo en la superestrella y veterano rompecorazones de hoy.
Veamos ahora a su amante en esa película, la actriz Geena Davis. Su carrera comenzó como modelo, y aceptó incluso trabajos de maniquí humano en escaparates. Ella luego debutaría directamente en el cine, con un pequeño papel en la película Tootsie de Sydney Pollack, en 1982. De ahí pasó a televisión (salía en El coche fantástico) hasta consolidarse en pelis como La mosca (del 86) o Beetlejuice (1988). Cuando conoció a Pitt en Thelma & Louise, ella era ya una estrella en consolidación.
Ambos casos reflejan el mismo proceso: pequeños trabajos para pagar la formación à pequeños papeles à papeles mayores à papel de consagración que los convierte en estrellas. A partir de ahí, sus carreras están en sus manos y ya dependen de sus decisiones.
Hoy, esto ya no funciona así. Las platafomas como YouTube, Instagram o TikTok han creado un ecosistema nuevo, en el que un «creador de contenido» puede volverse famoso sin pasar por los filtros habituales de la industria cinematográfica. Y a esto se le suma la aparición de nuevas plataformas de streaming que han transformado también la manera de financiarse el audiovisual, o los canales del éxito y el prestigio actoral.
Estas nuevas plataformas, sumidas en una montaña rusa de ingresos y gastos gigantescos, han encontrado en las redes sociales su agencia de casting gratuita. ¿Para qué buscar nuevos talentos si estos se exponen gratis y demuestran el éxito que tienen con sus seguidores? Es mucho más rentable contratar a alguien que viene con 5, 10, millones de seguidores, o los que sean, que no a un talentoso actor o actriz desconocidos.
Al mismo tiempo, su alcance social les convierte en su propio departamento de marketing, los mismos actores publicitan sus trabajos con mayor efectividad que cualquier departamento especializado.
En resumen: estamos en otro mundo, radicalmente distinto. Y esto se refleja en las caras que vemos en la pantalla.
Algunas estrellas que pasaron de las redes sociales al cine o la televisión
Quizá el ejemplo más paradigmático de este nuevo camino hacia la fama sea el de la actriz y cantante Addison Rae. Apareció en TikTok en 2019 y más rápido de lo que nadie podía imaginar se ganó 88 millones de seguidores. Simplemente hacía bailes de canciones famosas. Ante el éxito social, sus padres la llevaron a una agencia de talentos, y de ahí todo en cascada: canciones, línea de cosméticos, línea de fragancias, y luego el cine: protagonista de una comedia de Netflix en 2021, de un slasher en 2023, y ahí seguimos.
Es una trayectoria que no se parece en nada a los canales tradicionales, y esto ha generado de hecho debate sobre cómo la fama digital puede sustituir la formación actoral.
Porque es una tendencia. Addison Rae no es un caso único: Charli D’Amelio empezó bailando en TikTok en 2019 exactamente igual, y todavía fue más rápida en alcanzar, primero, los 50 millones de seguidores, y luego los 100. En abril de 2023 tenía ya 150 millones. En su caso, el salto no ha sido al cine sino a programas propios en plataformas de streaming, pero ejemplifica la situación exactamente igual: es raro que en televisión a alguien le den un show propio sin haber pasado antes muchos años trabajándose la imagen televisiva. Mediante las redes, los que saben usarlas mejor, es llegar y moler. Liza Koshy: de Vine y Youtube a presentadora de televisión y actriz, como Cameron Dallas o Jayden Bartels.
Y ojo: este paso ni siquiera significa que deba ser definitivo. Es decir, para muchos de estos creadores/actores/cantantes/mocatrices el cine y la actuación en general no son un destino para el que las redes fueran un fin. Son más trabajo, más oportunidades. Un ejemplo magnífico es Scott Seiss.
Es muy probable que hayas visto algún video subtitulado de TikTok de Scott Seiss: es ese tipo con bigote que hace de trabajador de IKEA que hasta hasta el gorro de los clientes, y les responde de forma sarcástica diciéndoles todo lo que normalmente uno no puede decir en Atención al Cliente. “¿Que hace una semana esto estaba más barato? ¡Pues haberlo comprado hace una semana!”.
Pues bien: su fama digital le llevó a que le llamaran para participar con un pequeño papel en la disparata película Oso Vicioso, en la que un oso que se ventila una mochila de cocaína por accidente se lanza a matar como un descosido en un parque natural. El papel de Scott es pequeño, pero lo realiza con total solvencia (es realmente divertido, tiene muchísimo talento), y, lo más importante: su secuencia fue la más utilizada en la promoción de la película. La productora sabía que mucha gente, en todo el mundo, vería el trailer y diría: “espera, ¿este tío del bigote no es el del IKEA?”.
Puede que Scott Seiss actúe en más películas o no. Por ahora se dedica a la comedia. Es como si, mediante las redes sociales, la línea que separaba a los actores de otros profesionales se fuera diluyendo más y más, y permitiera accesos directos fama digital mediante y prescindiendo de la formación. Realizados además por “paracaidistas” (dicho sin intención peyorativa) que llegan, actúan, y se van a otro negocio, que puede ser el podcast, la literatura, el streaming online, la música…
El modelo estadounidense frente a las demás industrias audiovisuales del mundo
Sin una jerarquía clara entre medios, en el nuevo modelo de éxito estadounidense la moneda industrial son los seguidores, y el “actor” se convierte en un canal de marketing permanente, que comparte avances de rodaje y momentos del backstsge, interactúa de forma directa con los fans, e incluso lanza campañas virales. Los dinerales que se ponen sobre la mesa están perfectamente medidos y coordinados con los ahorros en marketing y demás procesos tradicionales, y con saltarse toda la fase de “inversión” durante años que requiere un actor por los conductos anteriores a las redes masivas.
Y siendo honestos, a la industria en general tampoco le importa demasiado la calidad del resultado si convence al público. Existen ya diversos testimonios explicando cómo se pide a los guionistas y directores que expliciten las cosas verbalmente varias veces a lo largo de la película o capítulo, para que la gente que ve series mirando el móvil se entere de qué va la cosa. Y en cuanto a la calidad real del “artista”, el razonamiento parece ser que si el hecho de que una chavala o un chaval pueden atraer a millones de seguidores (jóvenes en su mayoría) solo haciendo cuatro bailes o algunos videos ingeniosos, ¿qué importa que sean mejor o peores actores? A menos que sean desastrosos, su sola presencia es garantía de (cierto) éxito. Y el paladar del público no es lo que se dice refinado.
Así las cosas, y aunque las vías tradicionales no hayan desaparecido del todo, lo cierto es que el panorama en la industria audiovisual estadounidense se ha transformado por completo. Pero, ¿qué está ocurriendo en el resto del mundo?
El modelo idol en Asia
Las Guerreras K-Pop ha sido un fenómeno internacional y se ha convertido en la película más “taquillera” de Netflix, es un despliegue de muestra cómo el soft power asiático se está comiendo el mundo, y desplazando al estadounidense. Poco a poco, pero con pasos firmes.
Los ídolos de masas en Corea tienen diferencias sustanciales, por ejemplo en pura y simple base de seguidores: la densidad de población asiática es muy superior, y cifras que para un artista occidental podrían ser muy buena, en Asia pueden verse tristes. Pero, sobre todo, la clave está en la industria, que está muchísimo más estructurada, y controla muchísimo más el proceso.
En Corea se “ficha” talento desde que son bien pequeños/pequeñas, y les dan un entrenamiento intensivo, los futuros idols y actores o actrices se pasan años aprendiendo antes de debutar. Luego son las agencias las que manejan toda la gestión de imagen, y controlan con mucha fuerza la vida pública de sus representados. Esto es importante porque invierten en ellos mucho dinero, y el público coreano vincula mucho más la moral personal a la carrera profesional, por lo que los escándalos pueden acabar con la carrera de alguien con más facilidad que en Estados Unidos.
Así, en este modelo (parecido al que tienen en Japón, si bien con ligeras diferencias), las redes sociales son importantes, pero más como amplificador del idol en formación, que como una cantera en la que descubrir futuros idols.
India: un modelo mixto
La India es un país muy interesante en el entretenimiento audiovisual, que tiene un sistema más bien mixto y con características propias. El cine de Bollywood también ha empezado a incorporar influencers: tanto creadores de Youtube como bailarines que se vuelven virales, o estrellas de Instagram. Sin embargo, todavía tiene mucho peso el linaje cinematográfico, es decir, las familias de actores que lideran el mundo del cine en el país.
Pese a ello, Bollywood se ha seguido llenando, poco a poco, de estas nuevas celebridades de las redes. Bhuvan Bam es quizá uno de los ejemlos más claros de este modelo que lleva de internet a la industria audiovisual. Comenzó con un canal de Youtube: BB Ki Vines, de sketches cómicos. Un clip suyo se hizo viral en redes en 2015, comenzó a subir videos, y pronto paso a cortos premiados como Plus Minus, series digitales como Dindhora o Taaza Khabar, y colabora con diversas productoras de Bollywood. Prajakta Koli es su contraparte femenina, empezó en Youtube como MostlySane haciendo videos de comedia cotidiana, y acabó protagonizando tanto la serie de Netflix Mismatched como diversos films en Bollywood. Pero hay muchos más: Harsh Beniwal, Kusha Kapila…
Al mismo tiempo, en la India hemos visto otra interacción interesante, ya que como el gobierno prohibió TikTok en 2020, eso empujó a muchos de sus creadores más exitosos a profesionalizarse en la industria, lo que ha sido un paso “forzado” de un canal a otro.
Las redes transforman de maneras insospechadas
Esto no tiene vuelta atrás, hemos creado una nueva cultura en la que las masas de seguidores configuran los nuevos rostros emergentes en el cine y la televisión internacional, y en el que Hollywood como tal pierde cuota de poder a favor de otras empresas estadounidenses o, lo más preocupante para ellos, de otros países que empiezan a liderar la cultura pop.
Estas nuevas estrellas no se dedican solo a la actuación. Son versátiles y adaptables y lo mismo hacen promos en redes sociales (Addison Rae puede ganar entre 50.000 y 90.000 dólares por un solo post patrocinado en TikTok. Plataforma, por cierto, cada vez más vinculada a la creación audiovisual) que películas o series, graban un disco, escriben (o les escriben) un libro, sacan una línea cosmética, promocionan todo tipo de productos… no es que esto sea nuevo: aquí en España tenemos el caso de muchísimos actores o cantantes que anuncian productos, desde AliExpress fichando a Paco León o a Jaime Lorente, a David Bustamante promocionando el Casino Online UZU, o a Carlos Sobera con el 888. Pero si hasta ahora tenías a profesionales relativamente especializados, haciendo incursiones en otros terrenos para ampliar ganancias, ahora más bien tenemos creadores eclécticos que pueden salir por diversas tangentes.
Este es nuestro mundo hoy en cuanto a la creación audiovisual.
Dónde estaremos en los próximos 15 años es difícil imaginarlo. Pero sin duda el viaje va a ser interesante de ver.
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