El Real Madrid está cuajando una temporada repleta de momentos dignos de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Los blancos han tenido momentos de auténtico dramatismo, pero también han logrado partidos muy meritorios ante rivales potentes; siendo el más reciente de sus resultados en la Champions League, la victoria sobre el Manchester City en la ida de los octavos de final, el ejemplo más reciente de ese segundo tipo de momentos.

El club blanco realizó un gran esfuerzo económico el pasado verano cerrando los fichajes de Huijsen, Carreras o Mastantuono, y el equipo se las prometía muy felices. Incluso el conjunto que entonces entrenaba Xabi Alonso realizó un meritorio inicio de curso, que le valió el liderato, aunque antes de acabar setiembre lo perdió brevemente al caer apaleado en el Metropolitano ante el Atlético de Madrid, en el primer encuentro de enjundia en La Liga EA Sports.

Pese a la marcha del equipo, ese encuentro ya disparó las alarmas. El equipo reaccionó encadenando victorias, que le permitieron recuperar el liderato y ponerse a cinco puntos del Barça gracias al triunfo en el Clásico, en otro buen partido, y a la goleada en casa ante el Valencia, por 4-0, que seguramente sea uno de los encuentros más completos del equipo este curso.

Entonces, llegó una derrota en el campo del Liverpool que fue por 1-0 pero seguramente debió ser por más, y en la que el cuadro merengue mostró una impotencia descomunal. Lo que siguió en liga fueron tres empates difíciles de explicar, en los que el Madrid mostró una inoperancia importante. Fueron en el campo del Rayo, en el del Elche y en el del Girona. De hecho, ante los ilicitanos el Madrid seguramente debió perder, pero marcó el empate en el último suspiro pese a una clara falta de Vinícius al meta local, Iñaki Peña.

Entonces llegó otro de los mejores resultados del año, un contundente triunfo por 0-3 en San Mamés, uno de los campos más complicados de España, para, cuatro días después, perder en casa ante el Celta por 0-2 mostrando una inoperancia alarmante. Tres días después, fue precisamente el City de Guardiola, que ahora está casi eliminado por el Madrid, el que asaltó el feudo blanco, y ya muchos ni se alarmaron.

De nuevo, el equipo madridista se rehízo, y volvió a encadenar triunfos, alguno muy meritorio, como el 5-1 ante el Betis en liga, hasta que se encontró con el Barça en una final de la Supercopa que compitió mejor de lo que muchos esperaban, pero que acabó perdiendo. Esa derrota, por digna que pareciera a muchos, supuso el fin de la etapa de Xabi Alonso al frente de la nave blanca, algo que muchos no se acaban de explicar.

Llegó Arbeloa y el equipo se dio el mayor trompazo de la temporada, al perder en campo del Albacete y quedar fuera de la Copa del Rey. Pero el equipo se rehízo, poco a poco, y encadenó triunfos que le permitieron recuperarse, y algunos importantes, como el 6-1 sobre el Mónaco en competición europea o el 0-2 en campo del Villarreal en liga. 

Entonces llegó la inexplicable derrota en Lisboa ante el Benfica, culminada con un humillante gol del portero local, que clasificaba a los de Mourinho para disputar el play-off de la competición, precisamente, ante los blancos, a los que habían apeado de unas ocho primeras posiciones que tenían casi aseguradas. 

Los de Arbeloa siguieron ganando, a veces a duras penas, y recuperaron el liderato en liga, aunque la derrota ante Osasuna hizo que lo perdieran muy rápidamente. Y entonces llegó otro palo difícil de explicar, la derrota en Getafe, sin poder ni tan solo marcar un gol, ante un Bernabéu desangelado. Y ahora parece que el equipo vuelve a levantarse, tras el partido de Balaídos y la alucinante goleada al equipo de Guardiola, en el que fue el mejor partido del Real Madrid en lo que va temporada. Parece imposible prever qué vendrá ahora.

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