La partida de un ser querido es, sin duda, uno de los momentos más complicados para una familia. A esa tormenta emocional que es el duelo, casi de golpe, se le añade algo menos obvio pero no menos doloroso: el peso financiero y burocrático de una defunción en España. Una serie de gestiones urgentes, gastos imprevistos y decisiones que hay que tomar a toda prisa, frecuentemente sin tener datos ni tiempo para pensar.
El impacto económico y administrativo
El primer golpe frecuentemente llega con los gastos fúnebres. La mayoría imagina que "enterrar a alguien es caro", aunque poca gente sabe el coste real hasta afrontarlo. En España, el precio medio por un funeral completo se ubica entre 3500 y 6000 euros, una suma que puede crecer notablemente en urbes grandes o si se añaden servicios extras como velorios largos, traslados especiales o ceremonias personalizadas. Este gasto debe hacerse muy rápido, cuando la familia no está lista para comparar precios o negociar las condiciones.
Además, el funeral es tan solo la parte más visible del problema. Después del entierro empieza una gestión administrativa difícil que muchas familias ven un laberinto burocrático: Certificados, registros y solicitudes van encadenadas en cuestión de días.
El certificado médico de defunción e inscribirlo en el Registro Civil es solo el comienzo, el primer paso de un montón de trámites. Después viene el certificado de últimas voluntades, saber si hay seguros, el testamento y si no, declarar herederos. Todo esto requiere tiempo, estar atento y saber un poco de leyes, algo que casi nadie tiene.
Impuestos y herencias: una gran carga
La burocracia es un caos, a eso súmale los costes fiscales de la herencia. El costo del Impuesto de Sucesiones y Donaciones puede aumentar dependiendo de la comunidad, lo cual obliga a los herederos a liquidar los bienes en un corto plazo. En algunos casos, incluso heredar la casa familiar podría ser un gran problema si no hay suficiente plata para el pago. A eso se suman otros gastos como la plusvalía municipal, honorarios notariales o el coste de cambiar titularidades bancarias, inmuebles y vehículos. Son desembolsos que rara vez se tienen en cuenta cuando se habla del coste real de una muerte, pero pueden ser una carga económica importante para muchas familias.
En muchos casos, la complejidad del proceso hace que sea obligada la contratación de gestores, abogados o asesorías. Evitar errores, sanciones o retrasos. Este apoyo profesional, aunque imprescindible, a menudo se traduce en un coste extra, sumando a la factura ya abultada. Ocurren también situaciones puntuales, como un deceso fuera de España o la urgencia de repatriar el cuerpo, haciendo que los costes suban drásticamente, a miles de euros. Una situación económicamente frágil para la familia.
El papel crucial del seguro de decesos en resguardo familiar
Sin duda, el seguro de decesos sigue siendo fundamental para proteger a montones de familias españolas. Una cobertura, como la de Aura Seguros Decesos, posibilita cubrir los gastos funerarios y gestionar muchísimos trámites administrativos, después de un fallecimiento. Poseer una póliza de decesos significa, para muchísimas familias, evitar un gasto imprevisto y aliviar la carga de decisiones apremiantes en esos momentos de vulnerabilidad.
La desinformación puede ser un problema
Más allá de discutir el costo de estos seguros, el problema mayor persiste: la carencia de información y de planificación. Todavía se rehuye hablar de la muerte, un tabú social; muchos ignoran que pasa, cuando un familiar fallece, qué obligaciones legales y económicas se activan instantáneamente. Esta falta de previsión suele convertir el duelo en algo aún más doloroso.
Hacer visible el coste oculto de una defunción, esto no pretende asustar, sino dar claridad. Saber que la muerte implica más que un simple adiós permite a las familias tomar decisiones con conocimiento, evitando así sobresaltos financieros y encarando el proceso con más calma. Ya que en uno de los instantes más sensibles de la vida, la duda administrativa y económica no debería ser un peso extra.
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