Hay una imagen que se repite estos días en las costas españolas: las playas empiezan a vaciarse. Las sombrillas desaparecen poco a poco, las terrazas pierden parte de su bullicio y las carreteras vuelven a llenarse de quienes regresan a casa después de las vacaciones. El verano entra en sus últimos días y, con él, llega ese momento inevitable que cada año marca el regreso a la rutina. Pero este verano deja algo más que recuerdos de vacaciones. 2026 será, salvo sorpresa, el verano más caluroso registrado en la España peninsular desde que existen registros.
La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) considera ya “prácticamente seguro” que se batirá el récord de temperatura media estival. Los datos provisionales sitúan la media de este verano 2,5 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020, una anomalía extraordinaria que coloca a 2026 por delante de los anteriores veranos más cálidos.
El segundo puesto corresponde precisamente a 2025, con una desviación de 2,2 grados, mientras que 2022 ocupa la tercera posición, con 2,1 grados por encima de la media. El dato convierte este verano en algo más que una sucesión de días especialmente calurosos. Los registros muestran una tendencia que se repite en los últimos años: los periodos de calor son cada vez más frecuentes, intensos y prolongados.
El verano termina, pero el calor todavía no se marcha
El calendario empieza a cambiar. Las últimas semanas de agosto traen consigo el final de las vacaciones para buena parte de la población y las playas comienzan a recuperar su aspecto habitual fuera de la temporada alta. Sin embargo, el calor todavía no parece dispuesto a despedirse.
La Aemet ha advertido de que las temperaturas podrían volver a subir con fuerza a comienzos de septiembre. Es decir, el final del verano meteorológico y el regreso de millones de personas a sus trabajos no significan necesariamente el final de las altas temperaturas.
Desde mediados de mayo, las temperaturas han estado claramente por encima de los valores habituales, salvo algunos periodos puntuales de alivio. El verano ha dejado además cuatro olas de calor, con los episodios más extremos concentrados especialmente durante julio.
La sensación de un verano interminable encaja con una tendencia que los expertos vienen señalando desde hace años: el calor empieza antes y se prolonga durante más tiempo, reduciendo los periodos de temperaturas suaves que tradicionalmente servían como transición entre estaciones.
Un récord que va más allá de los termómetros
El calor tampoco se ha quedado en las playas y las ciudades. Sus consecuencias se han dejado notar en los ecosistemas y, especialmente, en los incendios forestales. Hasta el 18 de agosto, más de 255.000 hectáreas forestales habían ardido en España, con Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha y Aragón entre las comunidades más afectadas.
Las temperaturas extremas no provocan por sí solas los incendios, ya que intervienen otros factores, pero favorecen unas condiciones de sequedad y vegetación que pueden hacer que los fuegos sean mucho más difíciles de controlar. Y mientras España despide el verano, el fenómeno tampoco se limita a sus fronteras. Europa ha sufrido también temperaturas extraordinarias y una situación de sequía especialmente preocupante.
El calor se ha hecho notar incluso en el mar. El 22 de agosto los océanos del planeta registraron la temperatura diaria más alta desde que existen datos, según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus. En el Mediterráneo, una boya situada frente a Sa Dragonera, en Mallorca, llegó a registrar 33,2 grados en la superficie del mar, un récord absoluto para las mediciones en mar abierto de esta zona.
Ahora las playas comienzan a vaciarse. Las últimas familias recogen sus sombrillas, los chiringuitos se preparan para despedir la temporada y las ciudades recuperan progresivamente su ritmo habitual. Es el final del verano, ese momento del año en el que el calendario invita a pensar que el calor también debería quedar atrás. Pero los datos cuentan otra historia.
2026 deja el verano más cálido de la historia de España desde que existen registros, y la Aemet ya avisa de que septiembre podría comenzar con nuevas temperaturas elevadas. Así que, aunque el verano se acabe y las playas empiecen a quedarse vacías, el calor no parece tener todavía demasiada prisa por marcharse. El paisaje cambia, las vacaciones terminan y comienza la rutina, pero el récord que deja este verano permanecerá mucho después de que desaparezcan las últimas sombrillas.
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