La que fuera secretaria general del PP ha asegurado que "nunca" le informaron de "seguimientos que se hicieran a Bárcenas". "La vida de Bárcenas, desde que se fue del partido, no me interesa", ha apuntado.
Asimismo, ha defendido al ex ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, de quién ha asegurado que manetnía una "relación fluida". "Habíamos coincidido en alguna época, en los comités ejecutivos del partido, y siempre lo he tenido como una persona íntegra que ha sufrido mucho", ha declarado.
Cospedal ha trasladado que una de las motivaciones por las que mantenía relación con Villarejo era porque sospechaba que el Ministerio del Interior, en aquel momento regido por Alfredo Pérez Rubalcaba, la espiaba.
“Le hice preguntas, no encargos. Le recibo porque él dice que tiene una relación magnífica condición con la prensa. Me dice que tiene posibilidad de ayudarme porque es muy amigo de la prensa”, ha trasladado Copedadal. “Las reuniones eran en mi despacho. Creo recordar que una vez le vi en una cafetería de una céntrica de Madrid. Le veía en mi condición de secretaria general del Partido Popular”, ha desarrollado.
"Sí conocía al señor Villarejo, desde el año 2009. Me lo presenta mi marido porque él tenía interés en conocerme y a mi me pareció bien [...] Se presenta como policía en excedencia, con empresas y recién condecorado por el entonces ministro del Interior [...] Durante 10 años, nos reunimos en ocho o nueve ocasiones. Era una persona que parecía muy bien considerada en la Policía", ha detalladado la exministra.
María Dolorés de Cospedal, ex secretaria general del Partido Popular (PP) y ex ministra de Defensa, declara como testigo. "Voy a contestar a todo lo que se me pregunte", ha asegurado antes del comienzo de los interrogatorios.
"No ha habido ninguna operación política, luego descubrimos que había una investigación policial cuyo objetivo era coger el dinero de Bárcenas y conocer quiénes eran sus testaferros", ha defenido Rajoy la operación parapolicial, vinculada al Ministerio del Interiro. "Pero ni el presidente, ni el ministro ni el secretario de Estado conocen estas operaciones. Estoy seguro de que esa operación se ajusta a la legalidad", ha añadido.
"No he conocido a Villarejo nunca"
Rajoy ha reconocido en su declaración como testigo que recuerda el famoso mensaje de "Luis, sé fuerte". "Me he acordado porque, a lo largo de los últimos 15 años, se publicaba casi todo los días, por lo que supongo que sí”. Sin embargo, ha negado recordar otro que él mismo envió, que versaba "hacemos lo que podemos".
El expresidente del Gobierno ha asegurado que “solo tenía una relación meramente profesional con Bárcenas"; que "no ocupaba mucho tiempo”, pese a que es de domimio público el mensaje de "Luis, se fuerte". "No era una persona de mi confianza", ha insisitido.
El expresidente Rajoy ha evitado responder a si conocía que los principales artífices de la operación Kitchen se referían a él como "el asturiano" o "el barbas". "Me llamo Mariano Rajoy, como todo el mundo sabe, y luego cada uno me llama como quiera, así que pregúnteles a ellos", ha espetado.
Asimismo, ha negado todos los hechos revelados por el extesorero Bárcensa. "Es absolutamente falso que Bárcenas me entregase en un sobre el remanente de la caja b del Partido Popular (PP) y que metiese en la trituradora la última página de contabilidad extraoficial de Bárcenas, que le entregó en mano en su despacho".
El ex presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, ya ha llegado a la Audiencia Nacional para comparecer como testigo en el caso Kitchen, operación parapolicial guiada desde su Ministerio del Interior para espiar a rivales políticos y extraer documentación a Luis Bárcenas que comprometía al Partido Popular (PP) en el caso Gürtel.
M. Rajoy, también conocido como "el barbas" o "el asturiano", se sienta de nuevo a declara como testigo casi una década después y más señalado, tanto por Bárcenas, como por diversos comisarios y otros trestigos e investigados. La última vez que lo hizo terminó costándole el poder, vía moción de censura, y, este jueves, intentará evitar un error que lo lleva a ser imputado. Si bien esto es muy complicado, pues el juez instructor ya se ocupó de que esto no sucediese.
Juan Ignacio Zoido ocupa un lugar distinto al de Rajoy y Cospedal, pero su comparecencia no resulta menor. Fue el ministro del Interior que sustituyó a Jorge Fernández Díaz, principal acusado en esta causa, y su testimonio puede ayudar a aclarar qué conocimiento tuvo la nueva cúpula del ministerio sobre los efectos de la operación una vez concluida su fase más activa.
Su papel no tiene la misma carga simbólica que el del expresidente o la ex secretaria general del PP, pero sí puede aportar información sobre el rastro que dejó Kitchen dentro de Interior. La pregunta de fondo es cuánto se sabía en el ministerio cuando cambió el mando político sin que cambiara el partido en el Gobierno.
Con el avance del juicio, el caso Kitchen ha ido dejando de presentarse únicamente como una operación de policías corruptos, confidentes y fondos reservados. Ese componente sigue siendo esencial, pero la vista oral ha ido recuperando la dimensión política de una maniobra supuestamente diseñada para arrebatar a Bárcenas información que pudiera dañar al PP.
En ese marco, la sesión de este jueves cobra un valor especial. La comparecencia de Rajoy y Cospedal refuerza la idea de que el caso no puede separarse del contexto de la caja B, de los discos duros destruidos, de la llamada policía patriótica y de una etapa en la que el partido trató de contener el impacto judicial y político de la corrupción.
María Dolores de Cospedal comparece como testigo en una vista en la que su nombre ha estado presente desde el inicio, pese a no figurar entre las acusadas. Su posición en la antigua estructura del PP -secretaria general del partido de 2008 a 2018- y, sobre todo, los audios conocidos de sus reuniones con Villarejo han hecho que su figura sobrevuele constantemente el juicio.
Parte de ese material no forma parte del objeto de esta vista oral, ya que durante la instrucción no se consideró suficiente para reabrir la investigación contra ella. Sin embargo, tanto la Fiscalía como Asuntos Internos sí vieron relevancia incriminatoria en algunos de esos elementos, lo que convierte su declaración en una de las más delicadas de la jornada.
La declaración reciente de Luis Bárcenas ha devuelto al primer plano una referencia histórica en la investigación sobre la financiación irregular del PP: “M. Rajoy”. El extesorero aseguró esta semana que las grabaciones que conservaba y que después intentó destruir desde prisión correspondían a conversaciones con “MR”, es decir, con Mariano Rajoy, sobre la contabilidad opaca del partido.
Bárcenas fue más allá al sostener que la operación Kitchen nació en el propio PP. Sus palabras no alteran por sí solas el encaje penal del juicio, pero sí apuntalan una lectura política de enorme calado, la de una estructura puesta en marcha para evitar que la documentación del extesorero terminara comprometiendo a los principales dirigentes del partido.
Uno de los elementos que vuelve a situar a Rajoy bajo el foco es la referencia a los alias “El Asturiano” y “El Barbas”, nombres que han aparecido en conversaciones intervenidas a algunos de los implicados en la operación. En el juicio, el principal investigador de Asuntos Internos vinculó esos apodos al expresidente del Gobierno.
La relevancia de esos nombres sugiere la cercanía entre la operación y la cúpula política del PP. Rajoy ha negado de forma reiterada cualquier implicación, pero el eco de esos alias reaparece en una fase del procedimiento en la que el contexto político del caso pesa más que nunca.
La declaración del expresidente del Gobierno Mariano Rajoy llega en un momento en el que el caso Kitchen ha ido dejando atrás su imagen de trama exclusivamente policial para acercarse cada vez más a la esfera política. El expresidente mantiene que no tuvo relación con José Manuel Villarejo ni conocimiento de la operación, pero su comparecencia se produce en un contexto mucho más comprometido que el de la fase de instrucción.
Los testimonios escuchados en estas dos primeras semanas han ido estrechando el cerco político en torno a la vieja cúpula del PP. Sin que eso haya supuesto su procesamiento, sí ha consolidado la impresión de que el espionaje a Bárcenas respondió a algo más amplio que una maniobra gestada en Interior: formó parte del intento del PP de blindarse ante la información sensible que conservaba su extesorero.
El juicio por la operación Kitchen vive este jueves una sesión especialmente sensible con las comparecencias como testigos de Mariano Rajoy, María Dolores de Cospedal y Juan Ignacio Zoido. Tras varias jornadas centradas en policías, mandos y piezas operativas del espionaje a Luis Bárcenas, la vista oral gira ahora hacia la antigua dirección política del PP.
Aunque ninguno de los tres se sienta en el banquillo, su presencia desplaza el foco hacia la cúpula del partido en los años en que Bárcenas amenazaba con comprometer al PP por la causa de la caja B.
La sesión refuerza así la lectura de Kitchen como un episodio con ramificaciones directas en el núcleo del poder de Génova.